Tim Behrens poniéndose el abrigo

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

Tim behrens en 1999
Tim behrens en 1999 CESAR QUIAN

14 feb 2017 . Actualizado a las 11:56 h.

Se apagó la mirada de Tim Behrens, el pintor que con un solo ojo veía mucho más lejos que sus congéneres. El otro ojo, el que llevaba tapado con un parche de elegante corsario inglés, era el que miraba hacia dentro, que es el único lugar al que hay que enfocar cuando de verdad se quiere ver y no observar.

Tim behrens en 1999
Tim behrens en 1999 CESAR QUIAN

Desde hace treinta años, Tim formaba parte del paisaje urbano y humano de A Coruña. Navegaba por su particular microcosmos, entre la casa de Celas de Peiro, al pie del monte Xalo, y la calle Huertas. Deambulaba, charlaba, bebía y vivía en un dédalo mínimo de calles: San Andrés, Alameda y Durán Loriga. Paraba mucho en el Calypso, en la esquina de San Andrés y Alameda, y en O Miño, en Durán Loriga, cuando todavía se llamaba O Miño y era una cafetería de señoras con cardado trasegando su albariño y niños merendando bocatas de Nocilla.

En los buenos tiempos, su amigo César Otero, otro pintor que miraba siempre a lo lejos, lo llevaba hasta la calle Compostela, a Casa Enrique, que es donde yo lo recuerdo hablando mucho con César, rompiendo tópicos, prejuicios, lugares comunes y a veces alguna de aquellas jarras de cerveza llamadas botijos, que eran más frágiles que la entusiasta conversación de los artistas.