El naufragio que movió conciencias

Hoy se cumplen 45 años de la tragedia de «La Isla», en la que fallecieron 14 tripulantes y que sirvió para crear la primera base de la Cruz Roja en España


A Coruña / La Voz

Hoy se cumplen 45 años de la muerte de 14 tripulantes de la baka del Gran Sol La Isla. Fallecieron el 4 de octubre de 1970, cuando el pesquero chocó contra los bajos existentes entre las piedras del Boi y de la Vaca, en la costa de la torre de Hércules. Hubo un único superviviente: Ramón Seoane Martínez de 34 años, casado y padre de dos hijos, que desempeñaba el cargo de mecánico mayor.

Semejante siniestro se caracterizó por la falta de medios de salvamento, tanto aéreos como navales, para prestar ayuda a los náufragos. Los vecinos del barrio de las Lagoas, testigos entonces de la tragedia, decían aquellos días, de forma unánime que «un helicóptero hubiera sido suficiente para salvar a las víctimas». Y es que durante varias horas todos, o casi todos, los marineros de La Isla estuvieron a flote en el mar después del embarrancamiento del barco, que se produjo alrededor de las cinco de la madrugada.

Peticiones de auxilio

Contaba el día del siniestro un vecino de As Lagoas: «Eran las seis de la mañana cuando escuché los gritos de socorro. Salí de casa y comprobé que venían del mar. Eran los marineros que gritaban, lloraban y pedían ayuda, pero no pudimos hacer nada porque había que meterse en el agua y no había ningún barco». Los vecinos llamaron a las puertas de un ultramarinos del barrio. El titular del negocio les abrió «y fue cuando pudimos llamar por teléfono a la Comandancia Militar de Marina». Minutos después llegaron a la zona los bomberos, agentes de policía, miembros de la Federación de Salvamento y Socorrismo, fuerzas del Ejército y de la Comandancia.

El capataz de los bomberos, Emilio Paz, llamó a la Radio Costera para que emitiese un comunicado alertando del siniestro a los buques que podían navegar por la zona. Y llegaron varios barcos, sobre todo con base en el puerto de Malpica, «pero dado el mal estado del mar no se pudieron acercar», contó Paz. También relató a La Voz de Galicia que había visto náufragos: «No sé cuántos, pero a las ocho de la mañana había varios hombres flotando en el mar, y vi, con el catalejo, cómo algunos levantaban las manos en un desesperado esfuerzo de auxilio».

Los primeros en llegar a la zona fueron unos gitanos que vivían en una chabolas de As Lagoas. Algunos jóvenes quisieron tirarse al mar, pero fueron sujetados por personas mayores ante el riesgo debido al temporal de mar. Uno de ellos contó: «Vi a un marinero que venía nadando. Le tiré una cuerda, pero era corta. De repente vino un golpe de mar, lo envolvió y lo zapateó contra las piedras. Ya no volvió a aparecer».

Sobre las diez de la mañana llegó al lugar del embarrancamiento el barco Segunda Isabelita, que estaba en la dársena, y fue la que recogió el primer cadáver y al único superviviente. El Sol María de Malpica recuperó otro cuerpo, y así fueron apareciendo los cadáveres durante los días siguientes, hasta casi finales del mes de noviembre.

Nace la Cruz Roja del Mar

En el rescate solamente participaron los barcos de pesca de toda la costa coruñesa y una avioneta del Aeroclub con los pilotos Juan José Martínez Vega y Rafael Cortés, que llegaron a volar a cinco metros del mar, pero lo único que podían hacer era localizar a los náufragos. «Las características de la avioneta, con ventanillas muy pequeñas, impedía tirar chalecos salvavidas para ayudar a los marineros», explicaban entonces.

El siniestro de La Isla dejó en evidencia el sistema de salvamento marítimo, «si es que existía», contó en su día Francisco Dotras Lamberti, impulsor del salvamento marítimo en A Coruña. La escasez de medios movió muchas conciencias.

Así, Dotras cuenta en su libro El árbol, el hijo y esto, que el siniestro de La Isla «hizo sentir a los organismos locales y provinciales, a particulares y sociedades, la necesidad del establecimiento de un servicio de salvamento de náufragos con base en nuestro puerto...» Continúa escribiendo que «el club de Leones de A Coruña se impone la tarea de mantener tal inquietud. Durante el verano del 1971 la conjunción de actividades de todos empieza a dar su fruto: la Cruz Roja absorbe a la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos y crea su sección de la Cruz Roja del Mar».

El trabajo de Dotras y de sus compañeros logra que la Royal National Life-Boat ceda una embarcación a A Coruña, para más tarde ser apoyada por lanchas de mayor nivel. «Así pues -dice Dotras- en un año nuestro puerto pasa de ser un negro borrón en los medios marítimos a ser un brillante faro con radiante luz de esperanza».

En octubre del año 1972, a escasos días de cumplirse dos años de la tragedia de La Isla, la Asamblea Suprema concede el honor a la ciudad de A Coruña de ser el primer puerto español que contaba con un servicio eficiente de salvamento de náufragos.

El Puerto le cede el edificio de las Ánimas para montar la base de la primera Cruz Roja del Mar de España. Y el 26 de junio de 1973 llegó la embarcación del tipo A, la Blanca Quiroga, ahora expuesta en el monte de San Pedro, desarrollada con la técnica más avanzada en construcción naval, de hecho se trataba de una lancha que se autoadrizaba, es decir que aunque diese la vuelta volvía a ponerse derecha. En la actualidad, la Cruz Roja del Mar forma parte del convenio de cooperación con Salvamento Marítimo.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos
Comentarios

El naufragio que movió conciencias