Los familiares de Jennifer Johnson se pasean por su Chicago natal con camisetas que recuerdan que su hija o hermana vive en un lugar llamado Monte Alto. Fue uno de los últimos souvenirs que esta joven profesora de inglés llevó a los suyos el pasado mes de septiembre.
No hay nostalgia de su país «porque aquí tengo de todo, yo ahora necesito el paseo marítimo, la playa, acceder al centro en pocos minutos, hay parques para la niña, y recientemente he descubierto un lugar con piscina y salas para hacer ejercicio muy cerca de la torre de Hércules», señala Jennifer, propietaria de la academia Speak Out, ubicada en un lateral de la Casa del Hombre.
Por su parte, Mari Carmen ha dado un paso más en la integración en este barrio que alaba como lugar de residencia, «no tanto a nivel comercial». Natural de Cerceda, vivió buena parte de su vida en el Agra del Orzán y en 1993 montó su estudio de fotografía en Monte Alto. Desde hace tres, compró un ático en frente de su local, «y de aquí no me muevo». «Monte Alto es un pueblo con las ventajas de una ciudad», sentencia Mari Carmen, que recuerda que no siempre fue el lugar ideal. «Cuando llegué esto era de pánico, todo estaba destartalado y la gente me hablaba de que solo unos años antes los placeros tenían que irse juntos del miedo que pasaban con los drogadictos», señala Mari Carmen, a quien le gustaría que las aceras estuviesen «mucho mejor cuidadas de lo que están».