El piojo se hace indestructible

Susana Basterrechea REDACCIÓN

A CORUÑA CIUDAD

PRADERO

Estos insectos ya no son lo que eran. Un estudio revela que el 80% de estos animales ya no sucumben a los champús y lociones para eliminarlos. Son superpiojos.

14 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«Mis hijos estaban jugando en el salón de casa y vi que el mayor se rascaba mucho la cabeza. Le miré y la tenía plagadita. ¡Y qué tamaño! Por supuesto, ya se los había pasado al pequeño», explica Ana, madre coruñesa, de aquel día del mes de marzo en el que descubrió que sus dos niños tenían piojos por primera vez. Estos parásitos afectan a entre el 4% y el 15% de la población en edad escolar y, según los especialistas, cada vez son más resistentes a los compuestos químicos que se emplean para acabar con ellos. Según un estudio realizado por el centro de enfermedades contagiosas del servicio nacional de salud de Gales y publicado en la revista Archives of Disease in Childhood , los temidos piojos se están haciendo cada vez más fuertes y ya son casi indestructibles. Los científicos analizaron 4.000 insectos y descubrieron que el 80% (cuatro de cada cinco) sobreviven a los biocidas más comunes como la permetrina o la fenotrina. En España, los farmacéuticos ya advirtieron a principios de año de la existencia de piojos que se habían adaptado a los insecticidas. «No han llegado a ser invencibles, pero sí se nota un aumento en su resistencia», asegura Pilar Martínez de la Riva, vocal del Colegio de Farmacéuticos de A Coruña. ¿Qué ha provocado que los piojos sean ahora casi inmunes a champús y lociones? «El mal uso de los tratamientos. Como pasa con los antibióticos si los tomas mal», añade. Por un lado, hay quien aplica los insecticidas como método de prevención, cuando estos parásitos sólo pueden tratarse cuando aparecen. Por otro, se emplean dosis no adecuadas, con el cabello húmedo (al parecer, los fármacos actúan mejor en seco) y no se da una segunda aplicación días después para completar el tratamiento. «Al poco de echarles el champú dejaron de rascarse y repetimos la operación una semana más tarde. Fue fulminante. Pero, claro, a nadie le gusta decir 'mi hijo tiene piojos', por muy normal que sea», asegura Ana. El hijo de Cristina los tuvo dos veces, la última hace sólo quince días. «Al volver del colegio decía que le picaba la cabeza y se los encontró la abuela. Por si acaso, el resto de la familia utilizamos el peine especial para piojos», explica. Para la farmacéutica, «es importante que si los niños notan picor, lo digan. No hay que tener vergüenza».