HERCULÍNEAS | O |
23 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A PALLOZA, los estorninos siembran el firmamento del anochecer de excrementos y voces agudas, A Coruña vela a sus muertos en Pompas, como en un poema de Borges, aquel de la noche que en el sur lo velaron, silban los automóviles que estiran sus luces rojas por Primo de Rivera, como en una foto movida, hay una fuente con una escultura arrugada que dicen que es una cigarrera, de cuando aún había cigarreras que liaban habanos con sus muslos sudados, de cuando Emilia Pardo Bazán, con su prosa barroca, lluviosa, empapada de adjetivos de azabache, escribía de una ciudad industrial y arrabalera, en A Palloza luce en lo alto un reloj congelado a las seis menos veintidós, a la ciudad se le paró un día en la muñeca de la historia el carillón de la Fábrica de Tabacos, con sus tres campanas detenidas para siempre, ya sólo suenan cuando el ventarrón del sur hace tintinear las telarañas y los badajos, es como aquel poema de Borges, a quien conmovían las menudas sabidurías que se pierden con la muerte, los objetos perdidos del muerto, unos libros, una llave, un reloj que un día se quedó parado, a las seis menos veintidós, en la muñeca de A Coruña, que se vela a sí misma esta noche en A Palloza bajo un palio de estorninos. luis.pousa@lavoz.es