Polo Enríquez: «El vidrio que usamos es de ventanales viejos»

No contempla la vida sin crear, de ahí que aprenda todos los días y no solo de vidrio, un material que maneja hace más de 30 años. Se dedicaba a la vidriera emplomada hasta que su hija le pidió un colgante


En casa de sus padres siempre hubo taller, así que no es de extrañar que cuando creó su propia familia esta estancia se hiciera indispensable. Para su suerte, su mujer era de la misma corriente, y sus hijos lo deben de llevar en la sangre. A día de hoy Polo Enríquez (Madrid, 1956) es el que lleva el negocio de vidrio, pero está muy arropado por su familia. Alicia, su hija, trabaja mano a mano con él, dándole un nuevo enfoque y modernizando el negocio. Tienen una taller en Cambre desde hace casi 25 años, que aunque no está preparado para el público, no tienen problema en mostrar para dar a conocer lo que hacen si se contacta previamente.

-Más de 30 años dedicado al vidrio... ¿por qué vidrio?

-¡Por casualidad! Tenía una tetería con unos socios en Santiago, y uno de los habituales era don José Mosquera Vieites, un maestro vidriero que en aquella época impartía un curso en la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Fue ahí donde me inicié en ese mundo, y como siempre he sido una persona curiosa, seguí investigando y descubriendo por mi cuenta, hasta que dejé la tetería para dedicarme profesionalmente al vidrio.

-Tiene un taller, ¿fue un proyecto personal o viene de familia?

-Desde que era pequeño el taller siempre ha sido una estancia más de mi casa, y a mi mujer le pasa lo mismo, venimos de familias muy inquietas, así que tener un taller era algo tan natural como tener una cocina. En mi caso el taller está enfocado al vidrio, por supuesto, pero siempre está disponible para adaptarlo a nuevos proyectos de todo tipo, para nosotros es un lugar donde aprender.

-¿Cómo aterrizó en el mundo de la artesanía?

-Desde el momento en que se empieza a trabajar la vidriera, todo el proceso es completamente artesanal. Si le añadimos que crecí en un entorno donde se hacía todo artesanalmente, las ganas de realizar mis ideas venían dadas. Profesionalmente estoy asociado desde mediados de los años 80 a la AGA (Asociación Galega de Artesáns).

-Dice que viene una nueva generación detrás de usted, ¿significa que sus hijos continuarán la tradición?

-Eso debería preguntárselo a ellos… no puedo decir que la continuarán tal cual, ¡creo que la mejorarán! Mis hijos han crecido en el taller, viendo cómo se hacen las cosas y valoran mucho el trabajo artesanal, además ambos se han orientado profesionalmente hacia vías creativas y técnicas. Saben cómo podemos mejorar el trabajo y adaptar la tradición a la época en la que vivimos. Formamos un muy buen equipo.

-Comenta que aportan frescura, ¿detecta un estilo o una manera de hacer diferente?

-¡Sin duda! Cuando mi hija era pequeña yo me dedicaba exclusivamente a la vidriera emplomada. Un día me pidió un colgante de vidrio, y fue el detonante para empezar a trabajar el fusing para bisutería, que ha derivado en todos los productos que tenemos en la actualidad. En cuanto pudo, empezó a hacer cosas en el taller, y así empezamos con nuestras cuentas, que se han convertido en algo ya reconocible y muy personal. Y por supuesto ella es la causante del movimiento en redes sociales, imagen de marca y página web. En el taller todos aprendemos, ¡y no solo de vidrio!

-¿Dónde aprendió el oficio?

-A raíz del primer curso de vidrieras, y luego de manera autodidacta complementando con cursos como el impartido en Madrid por Eduardo Nieto, de fusing, o el impartido en La Granja (Segovia), de pintura sobre vidrio, de la mano del maestro italiano Sante-Pizzol.

-Las cuentas con las que montan las pulseras son de creación propia, y sacan el material de cristales antiguos, ¿dónde los consiguen?

-Son los restos de las vidrieras que hacemos en el taller, así que es una manera de aprovechar al máximo el material, y evitar el desperdicio. A mayores, incrustamos murrinas de cristal de Murano, que son las que hacen esos dibujos tan característicos.

-¿Cómo se consigue un vidrio tan vistoso y de colores?

-Son planchas de vidrio de importación, realizadas de manera artesanal, por eso tienen tantos tonos y vetas diferentes. Lo que hace, además, que ninguna pieza sea igual a otra.

-¿Dónde se pueden encontrar sus productos?

-En nuestra página web y eventualmente en markets y pop-ups que anunciamos en nuestras redes sociales, como Instagram, donde nos pueden encontrar como @poloenriquez.

-Todos los artículos que hacen, por ejemplo de cocina, ¿son para un uso diario?

-Insistimos mucho es ese aspecto, nos gusta que nuestras piezas se disfruten cada día, por eso todos los productos de cocina y baño son aptos para lavavajillas. En casa nos encargamos de comprobarlo, y de paso desmentimos eso de que «en casa de herrero cuchara de palo».

-¿Se encargan de todo el proceso de elaboración?

-Absolutamente. El vidrio nos lo suministra un taller vecino, Aluminios Quintela, de ventanales viejos (exceptuando el vidrio de colores). Nuestras piezas son de vidrio reciclado y todo el proceso desde que entra el ventanal hasta que sale la pieza etiquetada y lista para la venta lo hacemos nosotros en el taller. Podemos decir que somos los primeros, los últimos y los únicos que manipulamos los productos antes de que lleguen a su destinatario.

-Me hace mucha gracia el «pongotodo», viene a ser un cuenco de toda la vida ¿no?

-Sí, es una manera familiar que tenemos de llamarlo, es algo muy nuestro y lo usamos para eso mismo, poner de todo.

-¿Funcionan solo con venta on-line?

-Somos muy pequeñitos, pero diferenciamos dos líneas de negocio. La parte on-line está dedicada al producto de fusing, que es el que ofrecemos también en markets y pop-ups. Y por otro lado las vidrieras son por encargo y en ellas el cliente forma parte del proceso para llegar juntos a un resultado que se ajuste a sus necesidades.

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