HERCULÍNEAS | O |
13 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.WENCESLAO Fernández Flórez tiene iniciales de filósofo existencialista alemán pero nació en un piso de la calle Torreiro y renació en San Salvador de Cecebre, parroquia de Cambre. El señorito Wenceslao, decía el memorable César González Ruano, «es el escritor en cuyo automóvil nunca hubo barro en los días de lluvia». En este país, que para todo se divide en dos bandos, WFF demostró que un hombre es un yo y sus contradicciones. Wenceslao, que tiraba a facha y tuteaba a Franco, vio cómo en 1939 le caparon un párrafo de El hombre que compró un automóvil por llamar «devoradores de vidas» a los supuestos héroes. El señorito de bigote relamido y columnista de la derecha de toda la vida publicó dos novelas en gallego y eligió al rebelde Castelao para ilustrar la portada de su Volvoreta . Ahora quieren comprar la fraga de Cecebre para hacer un parque temático o no sé qué. El irónico WFF afilaría su sonrisa al imaginar a un agrimensor calculando cuántos euros valen sus «dos leguas de vida entretejida». A veces, cuando la cosa se pone chunga, abro el grifo y lo dejo correr para oír el murmullo ancestral de Cecebre, porque sé que el agua viene contaminada por la magia de Marica da Fame, el clan de los gatos libres, Fendetestas y el alma en pena de Fiz de Cotovelo. luis.pousa@lavoz.es