CON GOTAS | O |
07 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ATENTOS a la cita: «El imperial artista veía en la vida humana lo mismo que el carpintero ve en la madera viva: materia fragmentable y apropiada para ajustarse a nuevas formas. Así, el artista no ve, en lo vulgarmente llamado crueldad, sino un medio neutro de procurarse nuevos deliquios estéticos». Así reconstruye Anthony Burgess, el autor de la Naranja mecánica , la filosofía que condujo a Nerón a sus mayores excesos. Cuando uno no ve en el vecino otra cosa que material con el que ejecutar sus deseos, la propia condición humana carece de sentido. Lo que resulta realmente terrorífico es sustituir algunos de los términos con los que reflexiona Burgess por ciertos conceptos de lo más cotidiano. Así, la vida humana puede contemplarse de igual forma que el capitoste de turno observa los demás elementos de su negocio: materia fragmentable y apropiada para hacer dinero de nuevas y provechosas formas. De tal manera que la destrucción de puestos de trabajo y el sacrificio de la parte social de la empresa en aras del balance de cuentas -acaso el objeto de goce estético más notable de nuestros días- no sería más que un medio neutro de procurarse mayores beneficios. Al fin y al cabo, si la multinacional, ese nuevo Nerón, se larga de aquí es porque la única diferencia que encuentra entre un chino y uno de Betanzos estriba en un puñado de euros. Qué fácil.