«A veces tengo 300 correos de deberes para imprimir»

En concellos como Abegondo, no todos tienen lo necesario para la educación a distancia

Juan Diego Fernández López es el dueño de la librería O Bieteiro, en la parroquia de San Tirso
Juan Diego Fernández López es el dueño de la librería O Bieteiro, en la parroquia de San Tirso

abegondo / la voz

El confinamiento ha servido para ponernos a prueba, para saber si somos capaces de proteger nuestra salud, de salir adelante ante situaciones que nunca antes se habían planteado, de aislarnos de todo, y de proteger a los nuestros. Todos, en mayor o menor medida, hemos sufrido las consecuencias, y nos hemos dado cuenta de las carencias de esta sociedad desigual.

Uno de los colectivos más afectados por los daños colaterales de esta situación ha sido el de los estudiantes que han dejado de asistir a clases. Afortunadamente, existe Internet, y la mayoría de los alumnos han podido mantenerse al día en sus estudios, pero no todo es tan fácil.

En una zona rural como Abegondo, Internet no llega a todos, o no todos pueden acceder. Ya sea por la falta de conexión, o porque el presupuesto familiar no llega para cubrir estos gastos tecnológicos. En muchos casos, esto se soluciona gracias a voluntarios de Protección Civil que llevan a las viviendas de los alumnos los deberes que sus profesores les mandan.

En otros, la opción es la que nos cuenta Juan Diego Fernández López, dueño de la librería O Bieteiro, en la parroquia de San Tirso. «El interés por los deberes fue desbordante, y a veces tengo 300 correos de deberes para imprimir», dice Juan Diego. «Pero entiendo que es así a nivel general, porque la mayoría de la gente hace todo a través del móvil, pero para los deberes eso es muy complicado por el tamaño de la pantalla. Esto demuestra que no todas las casas están preparadas para la educación a distancia».

Él no cerró nunca su local, por tener prensa y material de librería, y por eso desde el principio aplicó las medidas que ahora están adoptando el resto de comerciantes en sus negocios, tal y como indica el BOE, como distancia entre los clientes, aforo limitado de solo dos personas en el interior del local y limpieza y desinfección del establecimiento todos los días por Protección Civil de Abegondo. Aún así, «hay personas que respetan las normas y otras a las que tienes que recordárselo todos los días».

Al principio abría solo por la mañana para exponerse lo menos posible. Las dos primeras semanas la venta fue casi nula y a partir de ahí ya empezó a vender casi igual que en días normales. Lo que más le sorprendió fue que le empezaron a llegar correos de clientes con las tareas semanales que los tutores mandaban a sus hijos. Sobre todo de alumnos de primaria y de ESO sin ordenador en sus casas.

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