Toda una vida en silencio

Ana Rodríguez A CORUÑA

ABEGONDO

Reportaje | Una familia distinta Se conocieron en Santiago. En el colegio. Se enamoraron. Y se casaron. Tuvieron tres hijos. Adoración y José Manuel son sordos. «Sólo los demás nos ven distintos. Nosotros, no», dicen

31 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Álex, 10 años, hace de intérprete. Cuenta que en su casa de Crendes, en Abegondo, se impone el lenguaje de signos incluso entre él y sus dos hermanos. Eso, o hablar despacio y aplicando la economía de palabras para que su madre, que también habla pero no oye, les entienda. José Manuel es el que lleva el dinero a casa. Es escayolista. Álex le pregunta si en su trabajo se ha encontrado con problemas por su condición de sordomudo. «No, sólo a veces alguna que otra complicación para entenderme con los clientes», responde su padre. Y Adoración, la madre, aprovecha para intervenir. Quiere decir algo. «Sólo los demás nos ven distintos. Nosotros, no», traduce Álex, que explica que fue una temprana meningitis -a los 3 meses de Adoración y a los 9 de José Manuel- la culpable de la sordera de sus padres. Adoración reconoce que le costó afrontar la maternidad. «Pero los médicos dijeron que no había problema», explica Álex. Él fue el primer hijo. Aprendió a hablar despacio -con algún retraso en el arranque debido al silencio de sus padres- con sus tíos y en el colegio. Le siguieron Pablo, de 9 años, y Manuel, de 6. De este último dice su madre que es un experto en el lenguaje de signos. «Les enseño a mis amigos en el cole», concluye orgulloso.