Hasta siempre, Teresa Taboada, pionera de la esgrima gallega y emprendedora

Familia Taboada Corral

A CORUÑA

María Teresa Taboada (en una imagen de archivo), fue campeona de España de esgrima en 1963
María Teresa Taboada (en una imagen de archivo), fue campeona de España de esgrima en 1963 GUSTAVO RIVAS

El arte y la cultura también fueron parte destacada de la vida de esta deportista y emprendedora que murió a los 85 años

29 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

María Teresa Taboada Corral falleció el pasado miércoles en A Coruña tras una vida marcada por el deporte, la creatividad y el cuidado de los demás.

Fue una mujer adelantada a su tiempo. Pionera en el deporte, todo empezó casi por casualidad, cuando siendo socia de la Hípica se asomó a la sala de esgrima y decidió probar. A partir de ahí, no hubo quien la parara. En 1963 se convirtió en la primera mujer gallega en proclamarse campeona de España de esgrima, un hito que la convirtió también en la primera deportista gallega en conquistar un título individual de ámbito estatal.

Y así empezó la saga de las hermanas Taboada en este deporte, todo ello en una época en la que la presencia femenina en la alta competición era todavía excepcional.

Y es que el deporte fue siempre su manera de entender la vida. Practicó tenis, tiro con pistola, y cualquier disciplina que despertara su curiosidad. No había deporte que se le resistiese. Ni edad que le quitase las ganas de seguir moviéndose.

En la piscina de La Solana era habitual verla haciendo sus propios ejercicios de brazos y piernas mucho antes de que el aquagym se pusiera de moda. Quienes la conocían bromeaban con que ya lo practicaba cuando todavía no tenía ni nombre.

Pero María Teresa fue mucho más que una deportista. Era artista en el sentido más amplio de la palabra. Escultora, pintora y amante de la creación, encontraba en el arte otra forma de expresarse y de compartir su sensibilidad.

También se subió a los escenarios, participando en el teatro y en los tradicionales Apropósitos de La Coruña junto a Antón de Santiago. También dejó una profunda huella como empresaria. Impulsó —en la avenida de A Pasaxe—, la conocida guardería Jardilín, la residencia de estudiantes San Yago y una residencia de mayores con el mismo nombre, acompañando así a generaciones de coruñeses en las distintas etapas de la vida.

Y eso se notaba en el día a día: salir a pasear con ella por los Cantones significaba detenerse una y otra vez para saludar a antiguos alumnos, familias o mayores que la recordaban con un cariño inmenso. En La Solana ocurría algo parecido. Parecía conocer a todo el mundo y, es que, en realidad, así era.

Vital, inquieta, generosa y profundamente familiar, María Teresa deja un legado que permanecerá en su familia, en sus amigos y en todas las personas que tuvieron la suerte de cruzarse en su camino.