Cómo evitar que los arenales amanezcan llenas de basura tras la celebración de la noche de San Xoán
27 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando uno va a la playa con sus bocatas, sus empanadas y sus bebidas, sea San Xoán o cualquier otro día del año, sabe que debe dejar todo recogido y limpio al marcharse, y depositar la basura en los contenedores. Es una cuestión de civismo y de educación elemental.
Por desgracia, en A Coruña, y supongo que en el resto del mundo, hay una mayoría educada y una minoría que se ha quedado en la Edad del Hierro. Una minoría enorme, a juzgar por el estado en que deja cada año el paseo marítimo y las playas de Riazor y el Orzán la madrugada del 24 de junio.
El aspecto es espantoso. La imagen que damos a nuestros vecinos y a nuestros visitantes, aún peor, por no hablar del olor a orina que impregna la mañana y coloniza, persistente, la tarde.
Parece difícil instruir a una manada de acémilas en los rudimentos básicos de la urbanidad, de manera que hay tomar medidas, y aquí viene el problema. ¿Qué hacemos? Lo de los vasos retornables parece una gota de agua en el desierto, y la parcelación de la playa con un responsable por parcela, una injusticia, porque a ver cómo controlas la porquería que echan los demás en tu reservado. Y no se puede poner un policía por cada ciudadano.
La única solución real es preservar las playas, prohibir la celebración en los arenales. Lo demás es sembrar trigo en el mar. Una de dos, o cerramos el grifo y extirpamos la fiesta de Riazor y el Orzán o asumimos la derrota con deportividad y aceptamos que no es posible amanecer sin apocalipsis paisajístico. La decisión es complicada: el San Xoán playero es un éxito incontestable y a ver qué gobierno local es capaz de abrazar esta medida en contra de la voluntad de más de cien mil coruñeses, y votantes.