La resaca del San Xoán deja 22,6 toneladas de basura en las playas de A Coruña, pero más conciencia ciudadana
A CORUÑA CIUDAD
Los operarios de la limpieza retiraron de los arenales de Orzán y Riazor la mitad de residuos que el año pasado, aunque falta por contabilizar la cifra de los barrios
24 jun 2026 . Actualizado a las 11:23 h.La fiesta terminó y la basura se convirtió en la principal prueba de que la noche más mágica del año había pasado por A Coruña. Las playas y numerosas calles de la ciudad amanecieron este martes cubiertas por miles de residuos, una imagen habitual tras el San Xoán, aunque este año con una diferencia que destacaban tanto responsables municipales como operarios de limpieza: la sensación general era que muchos asistentes habían hecho un mayor esfuerzo por recoger sus desperdicios o, al menos, agruparlos en montones para facilitar su retirada. De hecho, los servicios de limpieza retiraron de los arenales urbanos un total de 22,6 toneladas de basura, lo que supone la mitad que el año pasado.
La concejala de Medio Ambiente, Yoya Neira, incidió precisamente en esa percepción durante la mañana de limpieza. Aunque reconoció la enorme cantidad de residuos acumulados tras una noche multitudinaria, destacó que se apreciaba una mayor implicación ciudadana en la recogida de desperdicios y en la formación de montones de basura para facilitar el trabajo posterior de los operarios.
La limpieza comenzó puntualmente a las seis de la mañana. A esa hora, los equipos de la UTE Coruña Limpieza ya estaban desplegados en los arenales coruñeses mientras la Policía Local avanzaba en el desalojo de las últimas personas que permanecían en las playas y en el paseo marítimo. En Riazor y Orzán, más de un centenar de operarios trabajaban desde primera hora para devolver la normalidad a dos de los escenarios principales de la celebración. Los trabajadores iban avanzando a medida que los agentes despejaban los espacios públicos.
«Empezamos a las seis de la mañana siempre. Este año estaba todo muchísimo más preparado. Cuando llegamos ya apenas quedaba gente en la playa; dos o tres personas, el típico que se había quedado dormido junto a una ducha, pero poco más», explicaban portavoces de la concesionaria. Mientras Riazor comenzaba a despejarse, el operativo fue ganando terreno. A las ocho menos diez de la mañana las máquinas ya accedían al Orzán. «En una hora y media o dos horas Riazor estaba prácticamente despejada», apuntaban desde la empresa.
Proceso de limpieza
El dispositivo de limpieza en las playas sigue un procedimiento milimetrado. Primero se realiza un rastrillado manual de las hogueras mientras se apagan los rescoldos con agua transportada en aljibes. Los residuos se agrupan en pequeños montones que posteriormente son recogidos mediante palas cargadoras y depositados en contenedores para su traslado a planta de tratamiento.
Una vez retirada la basura más visible comienza el cribado de la arena, una tarea habitual durante toda la temporada de playas. Para ello se utiliza un tractor que arrastra una máquina limpiaplayas equipada con cuchillas y una rejilla interior de aproximadamente dos centímetros de grosor. Los residuos quedan atrapados en la criba y no regresan a la arena.
Paralelamente a las labores en los arenales, otros equipos actuaban desde primera hora en algunos de los puntos calientes del San Xoán. La calle Monforte, la calle San Juan o el barrio de las Flores concentraban buena parte de los esfuerzos, mientras que en el centro de la ciudad ya se trabajaba intensamente para despejar de residuos vías como Barrera, Torreiro o Real. El dispositivo está organizado en nueve casetas distribuidas por distintos puntos de A Coruña. A medida que los trabajos concluyan en las playas, los operarios regresarán a sus bases de origen para reforzar la limpieza en los distintos barrios.
La estrategia ya estaba definida desde primera hora. Los equipos desplazados inicialmente a la playa de Oza comenzaron también a las seis de la mañana. Una vez concluido el trabajo allí, se trasladaron a San Amaro y posteriormente al Matadero. Cuando finalicen las actuaciones en los arenales, los efectivos serán redistribuidos para actuar en el resto de la ciudad.
La concejala de Medio Ambiente calculaba que hacia las doce o doce y media de la mañana tanto las playas como el paseo marítimo podrían recuperar una imagen muy próxima a la normalidad. «Vamos mejor que el año pasado a estas horas», señalaban también desde la empresa.
Aunque todavía no existen cifras definitivas, los responsables del operativo apuntaban algunas diferencias respecto a anteriores ediciones. «En Riazor este año había menos basura. Orzán estaba más parecido al año pasado. En las calles sí se apreciaba mucha cantidad de residuos», indicaban. Algunas zonas como la plaza de España o el entorno del Chaflán registraron una importante acumulación de desperdicios, aunque muchas ya estaban limpias a media mañana.
Los últimos en irse
La basura era prácticamente la única huella visible de la celebración en las playas. Apenas quedaban personas cuando avanzaban las primeras horas de la mañana y el protagonismo era para los montones de residuos y la maquinaria de limpieza. Entre quienes estrenaban este año la experiencia del San Xoán coruñés estaban Zayda y Lucía, ambas de 21 años. Llegadas desde Carballo, hacían balance de la noche con una frase tan breve como expresiva: «Moita xente, moita basura e acaba cedo». Las jóvenes no ocultaban que se habían quedado con ganas de continuar la fiesta. «Dixéronnos que fóramos aos Mallos», comentaban mientras buscaban cómo prolongar una celebración en la que incluso habían perdido al grupo con el que habían llegado. Su regreso tendría que ser en coche particular. «Non hai tren e poucos buses», lamentaban.
También desde fuera de la ciudad llegaron Carlos, Juan, Adrián y Pablo, vecinos de A Estrada. En su caso viajaron en tren el día 23 con la intención de pasar la noche en una conocida discoteca coruñesa tras disfrutar del ambiente de San Xoán. Cuando salieron al amanecer se encontraron con una ciudad muy distinta a la que habían conocido horas antes. «Chea de xente, con moita basura e mal olor», resumían.
Los cuatro coincidían en que los asistentes podrían mostrar un mayor civismo una vez terminada la fiesta. «Porque ver todo isto dá mala imaxe», aseguraban mientras observaban los trabajos de limpieza. Su propuesta era sencilla: «A lo menos que metan todo en bolsas», insistían.