Si bien los científicos pueden predecir con bastante precisión cómo una atmósfera más cálida retiene más humedad, tienen mucha menos certeza sobre cómo cambiarán los patrones
06 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Un estudio liderado por la Universidad de Oxford (Reino Unido) y la ETH Zúrich (Suiza) revela que un componente clave del sistema climático, en concreto los patrones de viento a gran escala que determinan la distribución de las precipitaciones, puede estar subestimado por los modelos climáticos, lo que ayuda a explicar la incertidumbre en las predicciones de lluvias.
Este hallazgo podría permitir proyecciones más fiables de los patrones de lluvia futuros, facilitando una mejor preparación ante inundaciones y sequías. Los hallazgos, publicados en la revista Nature, se basan en un análisis de los patrones de lluvias invernales en el hemisferio norte desde 1950 hasta el 2022.
Este análisis reveló que, si bien los científicos pueden predecir con bastante precisión cómo una atmósfera más cálida retiene más humedad, tienen mucha menos certeza sobre cómo cambiarán los patrones de circulación en respuesta a las emisiones humanas que determinan dónde llueve.
Las precipitaciones afectan desde la producción de alimentos y el suministro de agua hasta las inundaciones y los sistemas energéticos. A medida que el cambio climático se acelera, muchas regiones ya experimentan un clima más errático: sequías más prolongadas intercaladas con lluvias más intensas. Prepararse para estos cambios depende de saber dónde ocurrirán. Los recientes episodios de lluvias torrenciales, incluidas las inundaciones generalizadas en Europa en el 2024, han demostrado lo difícil que sigue siendo prever con exactitud dónde y con qué intensidad caerán las fuertes lluvias.
El estudio identifica dos razones principales sobre por qué es tan difícil predecir las precipitaciones. En primer lugar, la circulación atmosférica varía de forma natural a lo largo de las décadas. Los patrones a gran escala, como la Oscilación del Atlántico Norte, pueden cambiar de forma impredecible, enmascarando o amplificando las tendencias climáticas a largo plazo.
En segundo lugar, los modeloss pueden subestimar cómo responden estos patrones al cambio climático antropogénico. Esto dificulta distinguir entre la variabilidad natural y el cambio a largo plazo.