Porque el pan de Rabizas «no sabe igual»

Familia Rabizas

A CORUÑA

Manolo aprendió a amasar pan antes que a leer. El horno de Rabizas era su vida
Manolo aprendió a amasar pan antes que a leer. El horno de Rabizas era su vida CESAR DELGADO

Manuel Amado, dueño de la panadería betanceira, murió a los 61 años tras una vida entregado al horno de leña y piedra más antiguo de España

05 may 2026 . Actualizado a las 19:50 h.

Manolo nació en febrero del 65 en la cama de la Rúa Nueva n.º 6 y murió mientras lavaba la furgoneta de reparto del pan. Dos datos que a los de Betanzos no os van a extrañar, y a los que no lo sois os ayudarán a entender por qué para nosotros el Rabizas no es un negocio familiar: es casa. De hecho, no le llamamos «panadería»: es «el horno». Allí comimos, cenamos, hicimos los deberes, reímos, lloramos... y trabajamos. Trabajamos mucho.

Y por y para el horno vivió todos sus días Manolo, a pesar de haber cumplido el sueño de estudiar una carrera y aspirar a una profesión, ser veterinario, que nunca llegó a ejercer. Quizás porque aquello fue tan solo un pequeño acto de rebeldía. Quizás porque en el fondo ya sabía que hacer pan no era solo cuestión de obligación ni de herencia. A él le encantaba hacer pan.

Aprendió a amasar antes que a leer, junto a su madre y sus tíos. Su abuelo se hizo cargo del negocio en los años 40 y esa decisión marcaría muchas vidas que vendrían después. Porque en aquel entonces el Rabizas era tan solo una panadería tradicional más de las muchas que había en Betanzos. Hoy es el horno de piedra y leña más antiguo de España en funcionamiento (según el cronista oficial), y que lo siga siendo es otro acto, en este caso, de valentía. La suya y la de sus hermanas. Una de sangre, Lita, y otra de corazón, Victoria.

Los tres tomaron el relevo hace 30 años como tercera generación y consiguieron no solo conservar la misma forma de elaborar pan y empanada que sus mayores, sino mejorarla sin introducir ni un solo ingrediente más al agua, a la harina, a la levadura y a la sal, y ningún otro proceso a la leña y a la piedra. Una rareza para muchos y un tesoro para otros. Otro dato que en Betanzos no nos extraña, y al resto del mundo le da para hacer artículos, crónicas y reportajes poniendo en valor lo que realmente es nuestro pan: un producto en peligro de extinción.

Pero a Manolo no le bastaba «solo» con renunciar a un horno eléctrico y, con ello, a trabajar más cómodo él y los suyos. Quería demostrar que eso de la masa madre no era distinto ni mejor que el fermento de toda la vida, que sí se podía innovar sin alterar la tradición, y que el arte de controlar esa masa, esa leña y esa piedra «a lo Rabizas» no era ni debía ser un secreto familiar. Y lo hizo. Por eso respondía a esas entrevistas con todo lujo de detalle y sonreía cuando los que le preguntaban, sin excepción, reaccionaban igual al probarlo y compararlo: «Guau, es que no sabe igual».

A nosotros el día a día en el horno tampoco nos sabrá nunca igual.

Hasta siempre, papá, hermano, tío, marido, abuelo, primo. Hasta siempre, Manolo.