Amazon no entiende de santos

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Portada de la iglesia de Santiago de A Coruña, con Santiago (izquierda) y san Juan en las jambas, y Santiago Apóstol a caballo en el tímpano
Portada de la iglesia de Santiago de A Coruña, con Santiago (izquierda) y san Juan en las jambas, y Santiago Apóstol a caballo en el tímpano MARCOS MÍGUEZ

Ante las puertas abiertas de la iglesian de Santiago, un repartidor de Amazon llamaba por teléfono al receptor de un paquete. «Estoy justo en la puerta», le decía

08 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Juan, el evangelista, y Santiago, el peregrino, guardan la entrada de la iglesia de Santiago desde hace siglos. Qué no habrán visto en todos estos años, adosados a sus jambas, para mantener esas sonrisas de medio lado. Miles de peregrinos, pestes y epidemias, asedios y heroínas rechazando al invasor. Ferias medievales, banderines de colores, arroz en las bodas, olor a cera. Parecían sonreír más el pasado sábado: a sus pies, ante las puertas abiertas de la iglesia, un repartidor de Amazon llamaba por teléfono al receptor de un paquete. «Estoy justo en la puerta», le decía.

Hace justo diez años que Moncho, el sacristán, le explicaba al retaco mayor, entonces muy pequeña, toda la historia de los gremios de la ciudad que escondían las piedras de la iglesia. Una década después, es el retaco pequeño el que escucha mi resumen, mientras los mayores observan —igual de sorprendidos que los hermanos de piedra— la escena del repartidor que parece tan fuera de época. Tan fuera de lugar. Como si las piedras románicas y los gigantes del comercio digital fueran incompatibles.

Emilia Pardo Bazán escribió un cuento sobre las dos figuras, que siempre había visto desde su casa. Aunque en aquel relato eran un santo y una santa que hablaban de amor en su silencio de piedra, y hoy sabemos que son en realidad hermanos. «Bajo sus pies, juntos y largos, de calzado puntiagudo, corre la otra vida, la vida de barro, la ruidosa, la turbia, la mezquina, la corruptible», escribía Pardo Bazán a principios del siglo pasado. Cerca de 120 años después, al barro y el ruido se ha sumado Amazon. Que manda paquetes a las iglesias y reparte en Sábado Santo sin ningún problema, bajo la atenta mirada y la sonrisa irónica de los dos hermanos de piedra.