Ana Zamora: «Me fui del centro de salud sin despedirme de los pacientes»

A CORUÑA

La médica recién jubilada Ana Zamora, en la Rosaleda de A Coruña, donde jugaba de niña
La médica recién jubilada Ana Zamora, en la Rosaleda de A Coruña, donde jugaba de niña ANGEL MANSO

Médica de familia en Os Mallos, acaba de jubilarse y entra en una etapa que quiere dedicar a leer, viajar, hacer ejercicio y «tener tiempo para pasmar»

01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace unas semanas que colgó la bata. En el reciente acto de despedida de los jubilados del Chuac habló en nombre de los más de 200 profesionales que acabaron su vida laboral. Pero el mundo de la salud sigue estando muy presente cuando hablas con ella. «A los residentes hay que hacerles el centro de salud atractivo. Necesitamos que se queden y la Administración debe tratarlos bien y ofrecerles estabilidad laboral», destaca Ana Zamora Casal, que empezó a trabajar en 1983, pero no me dice su edad. Cuando era adolescente pensaba ser arquitecta y le divertía dibujar y hacer maquetas. «Pero hubo un momento de mi vida, que coincidió con una etapa de enfermedad en la familia, que decidí orientar mi futuro a una profesión que tuviese contacto con la gente, y estudié la carrera en Santiago», relata. El rotatorio, en A Coruña; después se casó, se fue a vivir a Lugo por el trabajo de su marido. Luego salieron 12 plazas y optó a ellas. Abrieron un consultorio en O Temple vinculado al centro de salud de Cambre, de donde bajaba cada día los historiales clínicos. «Éramos un celador, una enfermera y yo. Fue una experiencia buena», comenta, y se levanta a por algo en una estantería de su casa. Reconoce que es nerviosa, movida y «un culo inquieto». Trae un libro que escribió una joven sobre mujeres de Cambre y figura ella. Se la nota emocionada.

Se fue como llegó

Sus últimas dos décadas profesionales fueron en el centro de salud de Os Mallos, el nuevo, que está en la zona de Vioño. «Solo podía haber sido médica de familia y comunitaria. Sabes el nombre de los pacientes, sus problemas personales, su vida... Creo que hay que escucharlos y responsabilizarlos de que tienen que hacer los controles pertinentes, por ejemplo si son diabéticos», comenta Ana, que insiste una y otra vez en la importancia de todos los que forman parte de un centro de salud, administrativos, celadores, personal de enfermería... También quiere dejar claro que su especialidad es la medicina de familia, y añade lo de comunitaria. De hecho, en Os Mallos siempre será recordada por cantidad de iniciativas que puso en marcha en ese sentido. «Los miércoles siguen haciéndose las caminatas saludables con la ayuda de la coordinadora de enfermería Mónica Fernández. Ganamos distintos premios del Colegio de Médicos y la Consellería de Sanidade, y nos reconoció el ministerio», comenta Ana, que siempre habla en plural, de los equipos. Una profesional que aconseja a los que se dediquen a esto «que sepan escuchar y les dediquen tiempo a los pacientes, algo que a veces resulta imposible con la demanda que hay y el perfil de los usuarios». Una mujer discreta, que, cuando llegó el momento de la jubilación, se fue «del centro de salud» sin despedirse «de los pacientes. Sin hacer ruido, como cuando llegué», recuerda. Pero los últimos residentes que tuvo fueron a su casa sin que ella supiese nada y sus compañeras organizaron una cena.

33 días en una habitación

Charlamos en su casa. Hace 6 años, en marzo del 2020, el covid la atacó duro. «Estuve 33 días sin salir de la habitación, pero por fortuna no me llegaron a ingresar», recuerda. De nuevo se levanta y trae otro libro. «Mira, escribía cada día lo que me pasaba y mis pensamientos. Además, pasaba las horas leyendo mucho y caminando 6.000 pasos entre esas cuatro paredes. Pasé miedo». «La medicina es mi pasión —reconoce—, los residentes forman parte de mi vida, pero soy mala como enferma». Nació en Federico Tapia y de pequeña jugaba en la plaza de Vigo, en el Leirón y en la Rosaleda de los Jardines, donde decide posar para la foto. Tiene pareja y un hijo de 30 años. En su nueva vida se dedica a leer, hacer ejercicio, viajar, estar con los amigos, y quiere «tener tiempo para pasmar». Me contó muchas cosas más porque es muy habladora. Daría para un libro.