Francisco Gómez Seijo, Gandy: «Cada arruga que tengo se la debo a un concierto que he organizado»
A CORUÑA
Ha sido elegido Persona del Año en los Premios de la Industria Musical de Galicia
24 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Es parte fundamental de la historia musical coruñesa. Francisco Gómez Seijo, Gandy (A Coruña, 1960), es un tipo de eterna sonrisa que, con su Telecaster blanquiazul, le puso banda sonora al Deportivo y ha cantado a la ciudad —su debilidad, «por encima de todo adoro A Coruña», admite— desde todos sus rincones, recorriendo sus calles con la Banda del Camión. Tras una temporada dura en la que la salud le dio la espalda, le llega un reconocimiento por su labor como promotor de conciertos. Este jueves recogerá en Santiago el galardón de Persona del año en los Premios de la Industria Musical de Galicia, que otorga la Asociación Gallega de las Empresas Musicales, «por el papel clave que ha desempeñado y desempeña en la consolidación y el sostenimiento de la escena musical gallega», razona el jurado.
—Enhorabuena por este merecido premio.
—Estoy un poco descolocado. La industria musical en Galicia está en un gran momento. Mira los artistas que están viniendo y el público que están moviendo. Y las administraciones están apareciendo en muchos carteles, una ayuda básica para llevar adelante este tipo de actividades tan caras y arriesgadas, porque puedes vender entradas o no, que se solape tu actuación con otra o en esta tierra, incluso, te puede llover en pleno mes de agosto. No es fácil, que cada arruga que tengo se la debo a un concierto. Lo que me sorprende es que piensen en mí, que me veo ahí en mi oficinilla, con mis cositas...
—¿Cuándo fundó Copra, su oficina de contratación?
—Contrataciones y Producciones Artísticas. No me rompí mucho la cabeza con le nombre, la verdad [ríe]. Fue hace 29 años, cuando nació mi primera hija. Estaba yo en Madrid, buscando fortuna. Me corté el pelo, me di de alta en autónomos y empecé a patearme todos los concellos.
—Pero ya había organizado grandes eventos en la ciudad, como el Coruña Moito Rock o el Moito Heavy en los años noventa.
—Pero no cobraba ni nada. Lo hacía solo para poder tocar yo con Cacahué. Era una manera de buscarse la vida. Por aquel entonces no pensaba en dedicarme profesionalmente a esto. Creía que iba a ser un gran músico con un éxito tremendo. Te lo tienes que creer. Y ni con esas, que puedes cantar como los jilgueros y nada, y otro que no canta las cuarenta ni con el as, se lo come todo.
—También había montado el homenaje a Tato —bajista de Cacahué fallecido prematuramente— en el Coliseum. Una de las pocas ocasiones que han tenido las bandas locales de tocar allí.
—Es que de eso se trataba, de que los de aquí tuviesen la oportunidad de tocar en un escenario por el que ven pasar a muchos músicos pero al que no pueden subirse. Montar una aventura así, con casi una veintena de grupos, era la disculpa perfecta. Ahí no cobraba nadie, todo lo recaudado se lo entregamos a la Asociación Contra el Cáncer. Con una de esas aportaciones se pudo comprar una unidad de mamografía que iba por los pueblos. Siempre me ha gustado pensar que pudimos colaborar en salvar alguna vida. Era como nuestra venganza por la muerte de Tato. Y mira, a la larga, me tocó a mi.
—Ha tenido que enfrentarse a un cáncer de pulmón. ¿Cómo está?
—Estoy en ello. Tenía una ruina importante. Me quitaron medio pulmón y tengo secuelas de la quimioterapia. Tengo que dar las gracias a mucha gente: los de la AECC, el Chuac, el doctor Diego González Rivas... Me salvaron la vida y me han permitido vivir uno de mis momentos más felices. Me siento como si en mi vida hubiese tocado ya casi todas las canciones, y en estos bises del final es cuando más me está aplaudiendo la gente. Y lo estoy disfrutando. Mucho. La vida me está sonriendo en este tiempo extra.
—¿Está con energía suficiente para sacar a La Banda del Camión a Cuatro Caminos si el Dépor asciende a primera?
—¡Sacaré la energía de donde sea, que al Dépor le debo mucho! La última vez estaba en muy malas condiciones. Justo al día siguiente del ascenso del Dépor me metieron en quirófano. Me tuvieron que ayudar a subir al escenario, con un gorro, porque no tenía pelo y no pude tocar más que el Rock del Deportivo, pero no podía perdérmelo. No paraba de pensar que podía ser la última vez que salía con el camión.
«Mi sueño incumplido es un circuito de invierno con las salas y las bandas de aquí»
A Gandy —que este sábado estará impartiendo una masterclass sobre gestión y producción de eventos musicales en la sala Mardi Gras— le llueven los homenajes. En diciembre tendrá lugar un concierto en su honor en la Filomatic: «Tocan tres bandas y tienen que meter algún tema mío. Es una fiesta de amigos, como la cena de empresa de los músicos coruñeses», explica. Y hasta se ha creado una peña deportivista que lleva su nombre: «Se asustaron con lo del cáncer y montaron esto en el BarToliño, del Castrillón. Son una gente divertidísima», asegura el músico.
—¿Recuerda el primer concierto que organizó profesionalmente?
—¡Claro! La alternativa me la dieron en Arteixo, con Rosendo, Heredeiros da Crus y un grupo que se llamaba Jennifer Protampax. Muy roquero todo. Pero con los años a las fiestas de Arteixo llevé a Rocío Jurado, Melody, Sergio Dalma, Carlos Baute...
—¿Alguna espinita clavada, un concierto que hubiese querido hacer y que no pudo ser?
—Lo tengo clarísimo: el circuito de invierno para los músicos de la ciudad. Poder trabajar con los chavales, con los más jóvenes, y en casa. Eso es lo que me falta y por lo que llevo peleando mucho tiempo. Hasta le tengo puesto nombre: Musicoruña. Es algo fundamental, aportaría mucho valor y beneficia a todos: músicos, público, a las salas, los bares... Pero necesita implicación por parte del Ayuntamiento. Porque es algo local, no funcionaría de otra manera. Ya hicimos en su momento el Rock Marino, y el Coruña Sonora, para gente menor de 20 años que no tenían manera de entrar en el circuito de salas. Un circuito con las salas y las bandas de aquí para los meses de invierno es mi gran sueño incumplido.