La colombiana, con una carrera musical en ebullición, debutó en la Sinfónica de Galicia
08 nov 2025 . Actualizado a las 13:28 h.La colombiana Ana María Osorio-Patiño (1995) está lanzada a una carrera internacional en ebullición: tal vez estemos ante una batuta destacable del futuro. Debutó con la Sinfónica de Galicia en un programa que introdujo explicando que la línea maestra estaba en el trabajo de los tres autores por «encontrar una voz propia a través de la determinación y la valentía». De Schumann a Dvorak para acabar con Brahms, mostró a una batuta que, susceptible de seguir desarrollando su personalidad artística, tuvo la situación controlada.
De la obertura de Genoveva, de Schumann, escuchamos una versión compacta, ordenada y resolutiva en la que miró a la orquesta como un todo, destacando las trompas. La Serenata para cuerdas, de Dvorak, fue también resolutiva en fondo y formas. Creció desde un inicio solo aceptable (faltó claridad de planos y el Tempo di valse hubo de esperar a su sección central para asentarse), con sus mejores momentos en el lirismo del Larghetto y un Finale de contrastes ingeniosos.
De la Primera de Brahms, Patiño-Osorio ofreció una lectura marcada por su agilidad. Si los tempi que escogió podrían dar la sensación de que las melodías perdían algo de peso específico, no descuidó el sentido de la tensión, bien administrada. El andante sostenuto fue algo apresurado (espléndidos Villa al oboe, Ferrer al clarinete y la concertino Ruiz de Gordejuela), sin tanta diferenciación de tempo respecto al un poco allegretto e grazioso. El veloz Brahms de Patiño-Osorio podrá convencer o no; pero tiene personalidad propia. Lo mejor, la construcción del cuarto movimiento (impecable cuerda en pizzicato) con buena organización de planos por secciones. Todos notables, destacando trombones y tuba. El allegro non troppo ma con brio conclusivo se expuso con arrojo compatible con ese tempo acelerado. ¿Efectista? Quizá: el respetable ovacionó.
La maestra dominó a una OSG cómplice y dejó sensación de ideas susceptibles de madurar con el tiempo. Tras una primera parte impersonal, la Primera de Brahms mostró el germen de algo interesante.