Pedro Calaza, director de la Escuela Gallega del Paisaje: «El consenso entre los diferentes actores es clave para la fachada marítima. Sin consenso, no habrá proyecto»
A CORUÑA
El doctor en Arquitectura del Paisaje organizará, a lo largo de septiembre y junto a la Fundación Juana de Vega, las jornadas «Paisajes litorales consilientes», sobre el presente y el futuro de Coruña Marítima
24 sep 2025 . Actualizado a las 14:47 h.Cuando una población se decide a materializar un cambio de rostro —o acaso en este caso casaría mejor decir de fachada—, debe concentrar sus esfuerzos en hacer ejercicios de reflexión profundos y multilaterales. Tener en consideración todos los frentes le da a la planificación estructural un músculo primero intelectual y, más tarde, material que marcará la diferencia entre un «pudo ser» y un «acabó siendo». Coruña Marítima será para la ciudad la gran actuación urbana e industrial de los próximos años, y en su diseño están afanándose algunas de las mentes más preclaras de muy variadas disciplinas. Para contribuir a este impulso, el doctor Pedro Calaza, director de la Escuela Gallega del Paisaje, bajo el paraguas de la Fundación Juana de Vega, ofrecerá a lo largo del mes de septiembre las jornadas Paisajes litorales consilientes. Las charlas programadas atraerán a decenas de expertos nacionales e internacionales que tratarán de dar respuestas y, sobre todo, de plantear las preguntas correctas.
—¿Por qué se plantean ahora estas jornadas?
—La Fundación Juana de Vega lleva desde el año 2003 trabajando cuestiones relacionadas con el paisaje. El Convenio Europeo de Paisaje recoge los parámetros que deben tener en cuenta los proyectos. El paisajismo no es solo para la parte natural, o los entornos rurales. También es para la parte urbana, donde vive la mayor parte de la población. La disponibilidad de los terrenos para posible uso ciudadano es una gran oportunidad en proyectos como el de la fachada marítima. De hecho, yo creo que este es el gran proyecto en A Coruña después del relleno que hubo en su momento. Nosotros lo que queremos hacer es intentar, con un fin obviamente altruista y totalmente fuera de todo interés económico, abrir conocimiento, ventanas de oportunidades, ideas, reflexiones para la mejora de los proyectos que se vayan a presentar. Lo que queremos hacer es trabajar desde un prisma muy transversal, desde un prisma muy holístico para abordar los planteamientos. Porque este no es solo un proyecto de arquitectura o de ingeniería, es un proyecto también social, económico, natural, humanístico, etc.
—Paisajes litorales consilientes es el nombre de las jornadas que organiza. ¿Qué significa «consiliencia»?
—La consiliencia, término que no existe en castellano, es una adaptación de una voz inglesa. Es un término muy bonito que acuñó un geólogo británico que se llamaba William Webber. Es la búsqueda de la unidad de conocimiento. La sociedad posmoderna fragmentó el conocimiento. Es decir, hay gente que sabe mucho de ingeniería y a lo mejor poco de humanidades, o mucho de matemáticas y poco de literatura. Entonces, la visión parcial de las cosas genera, en cierta medida, que los proyectos que se plantean no sean los idóneos. Lo que se nosotros intentamos hacer es unificar el conocimiento, todo ello para proponer soluciones mucho más interesantes. Para ello, lo que hemos hecho ha sido invitar a figuras internacionales en materia de paisaje, de urbanismo o de ingeniería para que nos trasladen casos de éxito, experiencias, visiones, que puedan ser aplicables a la ciudad.
—¿Cómo se estructurarán las charlas?
—Hemos dividido en cuatro bloques temáticos lo las jornadas.Hay un bloque temático de infraestructuras portuarias y movilidad, que es muy importante, que es este viernes. Luego hay un bloque temático de nuevos usos y oportunidades económicas, buscando también ese rendimiento social y cultural que puede tener este tipo de actuaciones. El tercero está más vinculado con todo lo que está relacionado con la parte ambiental, con la infraestructura verde, el paisaje y la propia identidad. España aprobó la estrategia de infraestructura verde en el 2021, y Galicia la aprobó este año. Ahora los Ayuntamientos tienen que hacer lo propio. Todo esto va de la mano la ley de restauración de naturaleza que aprobó Europa, que entró en vigor en agosto del año pasado, y que también incluye a las partes urbanas. Por tanto, tenemos esa perspectiva de usos necesarios de ingeniería, portuarios, económicos, sociales, y también, lógicamente, de planificación verde y biodiversidad. Es decir, generar espacios útiles para el ciudadano para poder ampliar la ciudad.
—A Coruña tiene particularidades que afectarán inevitablemente a la planificación del proyecto...
—La superficie de A Coruña es muy pequeñita, son 38 kilómetros cuadrados. Por tanto, todo lo que es superficie nueva tiene que estar bien pensada y bien entrelazada con la trama urbana de la propia ciudad. Por eso también el último día vamos a hacer un workshop con participantes en las jornadas de la mano de una de las mejores diseñadoras urbanas del mundo, Mary Bowman, de la empresa Gustafson Portal. Trabajaremos de forma muy preliminar, pero proponiendo ideas que puedan después ser utilizadas para enriquecer un poco la visión global del proyecto.
—Cuando se plantean proyectos tan a largo plazo y de una vocación tan industrial, la parte estética suele quedar en un segundo plano. ¿Cómo se hace para evitar esto? ¿Cómo explicar desde lo paisajístico por qué es importante que estos proyectos estén integrados estéticamente con el resto de la ciudad?
—Sí, es una de las claves. Yo creo que la estética es uno de los pilares. Pero yo valoraría de más importancia, o focalizaría más, en la parte de la funcionalidad. Funcionalidad ambiental. Efectivamente, son proyectos a muy largo plazo. Aquel que considere que es un proyecto a corto plazo, está totalmente equivocado. Esto es un proyecto a muchísimos años, y tiene que estar todo muy pensado. A nivel internacional se ha trabajado mucho ofreciendo propuestas de ingeniería o de arquitectura, lo que son los masterplan. Ahora mismo se suele trabajar con una proyección temporal de las propuestas, lo que se llaman esquemas diagramáticos. Uno de los ponentes que viene por la parte de Infraestructura Verde es Chris Reeve, de la compañía Stoos. Es una empresa internacional. Él da clases en Harvard. Trabajan con los planteamientos de una tendencia de urbanismo que nació en la universidad en el año 2006 que se llama el urbanismo del paisaje. Esta disciplina dice que el elemento fundamental, el recurso de diseño, ya no son las construcciones y sino el propio paisaje urbano.
—¿Puede ahondar un poco en estos conceptos?
El paisaje urbano tiene dos pilares. El pilar estético y el pilar de la funcionalidad. Funcionalidad ecosistémica. Lógicamente, el funcionamiento ecosistémico en la propuesta que se haga en el puerto tiene que estar desde el día uno encima de la mesa como recurso también de diseño. Es decir, tenemos recursos de diseño condicionados por la parte de ingeniería del puerto, por la parte de movilidad, la parte de las construcciones que se hagan y también por la parte ecofuncional.
—¿Cómo se hace para que estos proyectos tan a largo plazo sean lo suficientemente dinámicos como para ir absorbiendo sobre la marcha los nuevos conceptos, las nuevas escuelas, las nuevas ideas?
—Esto tiene que tenerse muy en cuenta en la parte estética. Durante un tiempo estuvo muy de moda pavimentar de forma muy dura las plazas, con poca vegetación. Ahora mismo, con el cambio climático, con el calentamiento global, se intenta incluir más elementos naturales a modo de refugios climáticos. Esto no es que sea nuevo. Lo que pasa es que ahora mismo es la tendencia general del diseño urbano. Yo creo que esto va a ser así muchísimo tiempo. Por ejemplo, el parque olímpico de Londres, el último que hicieron, es una macroactuación en medio de la ciudad que es reversible. Lo han hecho con parámetros muy vinculados a la parte funcionalmente activa del Medioambiente, pero también con una coherencia estética. Y lo que han hecho es que tiene posibilidad de reversibilidad. Es decir, en ese proyecto o esa actuación que han hecho, si al cabo de diez años se precisa hacer una reversión parcial, también es viable. Entiendo que se podría hacer en A Coruña, en esta nueva gran actuación. Es trabajar con parámetros y con condicionantes actuales, pero también dejando la posibilidad de ir adaptándose a medio plazo, porque este proyecto yo no sé cuántos años va a llevar, pero a lo mejor son finalmente 20 o 25. Por tanto, la situación ambiental, la situación social, la situación económica podrían variar.
—Mencionaba al principio ese pulso que hay entre el uso ciudadano derivado del proyecto y el uso industrial. ¿Qué lugar debe ocupar cada cosa? Y sobre todo, ¿pueden coexistir de forma ecuánime?
—Yo creo que sí. Deben coexistir. Por supuesto, hay intereses económicos de diferentes propietarios con diferentes actividades que hay que tener en cuenta. No es solo un uso global por parte de la ciudadanía, sino que hay que buscar un equilibrio. Un consenso generalizado entre los diferentes actores y agentes que forman parte del proceso tanto de diseño como de gestión posterior de los espacios. No podría decir exactamente qué porcentaje debería ser de cada parte, pero sí que hay que buscar un equilibrio y un consenso coherente y racional.
—¿Qué tiene que evitar un proyecto tan grande y tan a largo plazo como la fachada marítima desde su inicio para no desviarse y acabar fallido o a medio gas?
—Hay que tener una visión muy transversal y holística de las cosas. Escuchar sobre todo a la mayor parte de las personas o de las profesiones que tienen cabida en el proyecto. Nosotros hemos planteado el workshop con ponentes internacionales para ver los ejemplos que tenemos fuera de España. Y también tenemos, claro, mesas de debate con la incorporación de profesionales de aquí. Siempre hay que ir de la mano del conocimiento local y buscar esa identidad propia que tenemos, ese carácter del sitio, ese genio del lugar. Yo creo que trabajando con los mejores avances, ideas y movimientos y de la mano del conocimiento local, de arquitectos, de ingenieros, los errores podrían ser mucho menores que si se trabajara solo con una perspectiva de la realidad del espacio.
—¿Se le ocurren ejemplos internacionales, más o menos análogos, de proyectos en los que la fachada marítima se pudiera mirar o se pudiera reflejar para guiarse?
—Cada fachada marítima es diferente. Las particularidades son muy inherentes al espacio. De hecho, comparar A Coruña con otros sitios es muy complicado. A modo de escala podemos compararla e inspirarnos en Santander. Santander es una ciudad muy pequeña en superficie, como Coruña. Son también treinta y pico kilómetros cuadrados, con una configuración parecida. Pero, insisto, se pueden buscar experiencias internacionales como puede ser, por ejemplo, el puerto de Toronto, que lo hizo Stos y que es maravilloso. Pero siempre como inspiración parcial. No podemos hacer un copia y pega. Hay una concepto muy interesante que acuñó un geógrafo catalán Francis Muñoz que es la banalización del urbanismo. A veces, cuando paseamos por una ciudad, por ejemplo, en Múnich, o en Madrid, o en París, hay escenarios urbanos que son exactamente iguales entre sí. No sabes en qué sitio estás. Se pierde un poco el carácter y la identidad. Por eso hay que huir de ese tipo de planteamientos. Por eso, copiar no es lo adecuado, inspirarse sí. Pero insisto, cada fachada marítima, cada borde marítimo es totalmente distinto.
—¿Cómo hay que abordar el proyecto desde el punto de vista del borde litoral?
—La visión que tengo yo es la de esa estructura, como antes decía, consiliente, esa visión global de lo que se puede realizar. Lo que deberíamos hacer es intentar crear un debate complejo. Un macroproyecto. De hecho, ahora mismo hay un consenso entre Ayuntamiento, Autoridad Portuaria y agentes sociales para avanzar y para buscar un debate con múltiples intereses, actores y perspectivas. Yo creo que todo debe ir de la mano de una planificación integrada, que recoja las visiones tanto de los ciudadanos como de instituciones y expertos. Es decir, la parte proyectual, la formalización del proyecto, debería ser muy larga e ir un de la mano de los debates públicos, de la participación ciudadana y de visiones contrapuestas para enriquecerse más. Al final, no es dejar la impronta de un arquitecto, de un ingeniero o de una empresa. Es trasladar a la realidad la esencia propia del espacio.
—¿Cómo de importante es que se construya el proyecto sobre el consenso entre los diferentes actores implicados y afectados?
—El consenso es clave. Si no hay consenso, lógicamente, no habrá proyecto. De hecho, yo creo que el esfuerzo que han realizado el Ayuntamiento, la Autoridad Portuaria, los empresarios y la ciudadanía para lanzar este concurso es sumamente importante. Ha habido experiencias previas de algunos concursos que solo tenían en cuenta a una parte de los agentes implicados. Ahora están todos trabajando e impulsando la posibilidad de generar un proyecto común con intereses cumplidos para todos los agentes. Por tanto, yo creo que el consenso es la base del lanzamiento del proyecto.