La calle es nuestra, otra vez

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

ANGEL MANSO

En mi barrio hay esquinas en las que otra vez volvemos a pedir por favor que te dejen pasar porque no se cabe

28 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Después de pasar media vida intentando ser diferentes, especiales, resulta que lo único que queríamos en realidad era ser normales. Dos años llevamos suspirando por esa normalidad que no sabíamos que nos hacía tan felices. Y que todavía nos parece extraordinaria: la semana pasada, cuando comenzaba mi jornada laboral, estaba la puerta de una conocida discoteca de bote en bote. Entre las risas de la gente y las luces que han puesto en la calle (que iluminan más que las municipales), esa celebración de madrugada, tan normal antes de que el covid arrasara con casi todo, merecía un titular a cuatro columnas. Como la cola para coger un taxi, que no era ninguna barbaridad pero ahí estaba, recordando aquel año en el que pagué la novatada de pensar que la mañana de San Juan coger un taxi en el Obelisco era pan comido.

El año pasado por estas fechas no hablábamos más que de fiestas canceladas, de nuevos toques de queda, de límites en la hostelería por aquella embestida de ómicron que echó por tierra los planes para volver a llenar los pubs y discotecas en fin de año, y las terrazas donde tanto gustan esas cañas con los amigos previas a las cenas familiares. Podíamos estar fuera pero a poquitos, con mascarilla, toque de «non queda» (uno de los mejores eufemismos que se recuerdan en la política autonómica) y mucho miedo. Así que a quién va a extrañar que este año, por fin, esas cañas no solo hayan llenado terrazas y plazas la tarde del 24, sino que se repitan casi cada día en el horario en el que mejor nos apañemos. De mañana o de tarde, en mi barrio hay esquinas en las que otra vez volvemos a pedir por favor que te dejen pasar porque no se cabe. Este afán tan coruñés de tomar las calles ha vuelto. Lo normal.