Se intensifican las operaciones antidroga en A Coruña: «Cada mes deben caer dos clanes»

alberto mahía A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

ANGEL MANSO

La policía desarticuló 20 puntos de venta en el 2022, la mayoría vinculados a mafias de okupas

08 dic 2022 . Actualizado a las 19:03 h.

La Unidad de Droga y Crimen Organizado de la Policía Nacional tiene una orden: «Cada mes deben caer al menos dos clanes del narcotráfico en la ciudad». Dicho y hecho. En lo que va de año, los agentes que luchan contra el tráfico de estupefacientes desarticularon hasta 20 puntos de venta importantes, a los que hay que sumar los controles diarios y detenciones a pequeños camellos. Muchos de ellos, señalados por los colectivos vecinales, que mantienen regularmente reuniones con los responsables del 091.

En este 2022, los agentes eliminaron puntos de venta en Os Castros, O Castrillón, Meicende, Monte Alto, Os Mallos, Sagrada Familia, Os Mallos y Monelos, entre otros barrios. 

Dos redadas en seis meses

Algunas de esas bandas cayeron dos veces en cuestión de seis meses. Como la del número 4 de la calle Vicente Aleixandre, en Monelos. La Unidad de Droga y Crimen Organizado golpeó a este clan «de toda la vida» en mayo y lo ha vuelto a hacer hace una semana. Justo un día antes de que en una segunda operación los agentes se incautasen de 200 gramos de sustancia estupefaciente de diferentes tipos, algunas de ellas dispuestas ya en dosis listas para su venta en un operativo desplegado en la ronda de Outeiro a la altura de la avenida de Oza, que finalizó con la detención de dos hombres. Entre las sustancias estupefacientes intervenidas en esta segunda intervención había heroína, cocaína, hachís, marihuana, y también tres básculas de precisión. Fueron requisadas además otras herramientas, ganzúas, una ballesta y armas blancas. También en este caso los dos detenidos contaban con antecedentes por delitos de esta misma naturaleza.

Esta última redada, como ocurre en la mayoría de los casos, sirvió además para desalojar un piso okupado. Porque según admite la policía, «muchas veces los okupas y los narcos son las mismas personas». 

Narcopisos

Esto es así porque los que se dedican al tráfico de drogas se sienten más arropados en un piso o casa a la que no les une papel de propiedad o alquiler alguno. Guardan las sustancias en una habitación y cuando llegan los agentes ninguno se resposabiliza. Dicen que no es suya y la autoridad no tiene forma de adivinar quién la llevó hasta ahí. «Saben que la usurpación de una vivienda no va a ser por mucho tiempo. Saben que tarde o temprano la policía les caerá encima. Están hechos a eso», sostienen fuentes de la unidad de drogas.

Esas operaciones, pese a suponer un durísimo golpe para esas bandas más o menos organizadas, «no van a acabar con el consumo, desgraciadamente», apuntan fuentes policiales. Cuando un clan sufre una redada, los miembros que se han librado «toman las riendas». Porque no tienen otras fuentes de ingresos, hay que pagar a abogados y hacer frente a fianzas o multas.

A veces se mudan a otra parte. Sin ir más lejos, el clan de la Mora desarticulado en Meicende procedía de las casas de San José. Y antes trapicheaba en Penamoa, el que fuera el gran supermercado de la heroína en el noroeste de España. Allí se concentraba la venta de esa sustancia en la ciudad. Cuando las máquinas tiraron abajo las chabolas, la droga se esparció por toda A Coruña y su área metropolitana. Ahora, muy a menor escala, ocurre lo mismo. Cuando se da un golpe al narcotráfico en un barrio, como el que se dio en la zona de A Gaiteira y Os Castros, los consumidores acuden a otro, trasladando el problema de la inseguridad. 

Acceso a las drogas

No hace falta saber moverse por los bajos fondos ni tener amigos poco recomendables para comprar droga. Todo el mundo conoce los barrios a los que hay que ir a preguntar. Localizar a un camello, muchas veces, es cuestión de minutos. Lo reconoce un mando policial. Esto pasa en cualquier ciudad del mundo y A Coruña no es distinta al resto. «Hay barrios muy castigados y es ahí donde ponemos todo el esfuerzo. Lo peor es que son muchos los camellos y más los consumidores», añade la misma fuente.

Gran parte de los operativos policiales contra traficantes nacen de una denuncia anónima. De un vecino que ve cómo todos los días y a todas horas toxicómanos suben y bajan las escaleras de su edificio para visitar al del tercero o al del cuarto. «Son muchos los ciudadanos que llaman para alertar o informar de la presencia de un narcopiso o de alguien sospechoso. A nosotros nos sirve de gran ayuda», dice una fuente policial, que quiere dejar muy claro que esas denuncias son «totalmente anónimas y que sus nombres nunca aparecerán en papel alguno». Desde la Delegación del Gobierno animan a todo aquel que observe algo extraño en su edificio o en su barrio, que lo ponga en conocimiento de las autoridades, que salvaguardarán su anonimato».

También es cierto que esas informaciones que en ocasiones no pasan de una llamada al 091 solo son el germen de la operación. A partir de ahí, «hay que establecer un punto de vigilancia, poner cara a todos los que trapichean, solicitar órdenes judiciales y cruzar los dedos, porque muchas veces nos encontramos que en el momento la redada hallamos poca cantidad de droga», aseguran fuentes del 091. De hecho, los traficantes se cuidan mucho de tener en sus manos o en los narcopisos cantidades significativas de sustancias. «Lo que hacen es tener a un recadero que se dedica a nutrir el punto de venta durante todo el día», añade un agente.