La cantidad de residuos acumulados ahogan las calles y molestan a vecinos y comerciantes
28 feb 2022 . Actualizado a las 22:09 h.Encontrar una calle de la ciudad en la que la basura no se esté apoderando de las aceras, parte de la calzada o plazas de aparcamiento es prácticamente una quimera desde hace unos días y este lunes la situación se continuó agravando.
Los barrios periféricos y más populosos se quejan recurrentemente de las diferencias que existen entre ellos y la zona centro en lo que entienden que es una discriminación, pero en este caso toda la urbe está sufriendo prácticamente en igualdad de condiciones una situación que se prolonga desde la madrugada del miércoles de la semana pasada, cuando empezaron los sabotajes y actos vandálicos en torno a los camiones del servicio de recogida de basura y los contenedores. La coincidencia con los festejos del carnaval también sirvió para agravar los problemas por la mayor presencia de gente en la vía pública, sobre todo en zonas de celebraciones.
De Novo Mesoiro al Orzán, de Cuatro Caminos a Panaderas o de Zalaeta a los Rosales raro es encontrar un tramo de calle en el que no haya un contenedor rebosante. Esta situación ya provoca problemas en cuestiones cotidianas como pasar por las aceras en las zonas más estrechas o no dejan espacio para maniobrar a los coches aparcados más próximos a los contenedores. A última hora de la mañana, operarios municipales se desplazaron a la zona de la calle Barcelona a recoger bolsas de basura que invadían un carril de circulación. Lo hicieron a mano y en camión sin elevadores ni trituradoras.
Juan Carlos, dependiente de Uvas y Queso, en la zona de Cuatro Caminos, explicaba que «tenemos que fregar nosotros mismos el suelo de la calle porque la basura ya nos invade». Y es que los residuos están afectando no solo a los viandantes, sino que los negocios también ven como las montañas de basura se acumulan a escasos metros de sus establecimientos.
Medidas de respuesta
Algunos negocios se vieron obligados a tomar medidas por su cuenta, como es el caso de la farmacia Sáez. «Nosotros estamos intentando quedarnos con el cartón y lo guardamos en el piso de arriba», relatan.
Los negocios son uno de los afectados por un conflicto en el que también hay quien lo está aprovechando para sacar beneficios.
Los residuos que dejan ocultos los contenedores en muchos puntos de la ciudad están suponiendo un festín para algunos habitantes de la urbe: ratas, gaviotas, palomas y gatos. Estos animales encontraron en la situación actual una fuente inesperada para alimentarse, aunque también actúan como esparcidores de la basura, alejándola de los contenedores en muchos casos.
María Rodríguez, de la tienda Amore, se queja de que «el local huele mal, entran moscas y se posan pájaros. Han llegado a venir gaviotas». Mientras, Manolo, dueño del restaurante As Lanchiñas, aseguraba que algún cliente le comentó que había visto ratas corretear cerca de su local.
No solo los animales urbanos están causando molestias derivadas del amontonamiento de residuos. El mal olor también se está empezando a convertir en un problema con el que tienen que convivir los ciudadanos.
«Un asco», de esta manera tan contundente y directa resumía una coruñesa, María López, lo que está ocurriendo desde hace casi una semana, que compartía el sentir del resto de ciudadanos que reclaman medidas urgentes para solucionar un conflicto que alcanza cotas insospechadas hace pocos días, pero que ya afecta a la actividad cotidiana de la ciudad.
Al caer la noche y a la hora de cierre de comercios y supermercados, los ciudadanos continuaron depositando basura en torno a los contenedores repletos. A la espera de que se confirmase con la entrada de la madrugada que las medidas de emergencia anunciada por la alcaldesa, Inés Rey, surtiese efecto, los coruñeses confiaban en que este martes de Carnaval amaneciese con las calles más limpias de lo que estaban cuando se acostaron. «Esperemos que hoy sí que pasen a recoger porque este olor ya empieza a ser insoportable», comentaban tres mujeres junto a unos contenedores que, a juzgar por el hedor, contenían restos de productos perecederos en descomposición.
No es fácil hacer un cálculo de la cantidad de desperdicios que se acumularon en las calles en los últimos seis días, ya que la recogida no se hizo del mismo modo en todas las zonas ni fue igual todos los días, pese a que finalmente apenas quedó un rincón de la ciudad que no estuviese afectado por el conflicto. Las estimaciones del promedio diario indican que cada madrugada llegan a la planta de tratamiento de Nostián unas 220 toneladas, por lo que puede calcularse que están sin retirar unas 1.000 toneladas de basura.