Si Riazor y el Chuac hablaran

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

MARCOS MÍGUEZ

La fiesta de San Juan tiene un par de caras b que a la mayoría de los coruñeses no nos gusta ver. Una ocurre en el hospital. El otro rostro tétrico se produce en la misma playa.

25 jun 2021 . Actualizado a las 10:48 h.

La fiesta de San Juan en A Coruña tiene un par de caras b que a la mayoría de los coruñeses no nos gusta ver. Una ocurre en el Chuac. Allí la madrugada del 24 junio se produce una avalancha en Urgencias de personas que llegan quemadas, heridas o directamente alcoholizadas. Entre el que se quiso hacer el valiente saltando el fuego, los que se metieron en una pelea a lo loco y la menor que bebió de más y sus amigas llamaron a una ambulancia, dejándola tirada en un portal para no meterse en líos, lo que se vive esa noche en Urgencias es espeluznante. De verdad. Hay que verlo.

El otro rostro tétrico se produce en la misma playa. Tras la fiesta loca, el fuego místico y las risas de felicidad, los arenales coruñeses quedan con el mismo aspecto de un vertedero de basura. Nada de hipérboles. Se ve en las imágenes que publica La Voz cada año. In situ, con las gaviotas buscando los restos de comida impresiona. Cuesta pisar sin tocar una bolsa, una caja o un vaso. Da asco. Y pena, mucha pena.

El paréntesis obligado por la pandemia ha evitado el desfile de penurias en Urgencias, permitiendo que el personal del hospital se dedique a lo que toca. También ha dejado descansar a las playas que ayer lucían en óptimas condiciones para disfrutar de ellas. Y, a lo mejor, quién sabe, se han lanzado silenciosamente dos mensajes desde ambos sitios sobre esa realidad. Que, año a año, la cosa se ha ido desmadrando cada vez más. Que hemos convertido nuestra fiesta máxima en algo difícilmente sostenible. Que a ver cómo le explicamos a nuestros hijos que hay que llevar la bolsa de tela al súper para luego un día tirar kilos y kilos de basura al mar. Todo ello, si no nos llaman del Chuac de madrugada, con una desgracia.