¿Tu edificio tiene aún el nombre?

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

EVELYN SALINAS

Hubo un tiempo en el que los constructores se armaban de cemento para levantar un edificio dejaban su sello en forma de apellido

22 dic 2021 . Actualizado a las 17:22 h.

Solo con elevar la vista a esas moles de los años setenta y ochenta que crecieron en nuestras aceras a lo bestia observamos que la historia era otra. Lo pienso cuando subiendo la ronda de Outeiro me fijo en que los portales que ahora se identifican con series de tres números, aún mantienen el recuerdo de otra firma mucho más personal. Antes, cuando los constructores se armaban de cemento para levantar un edificio dejaban su sello en forma de apellido, de localización o de nombre de mujer. En Coruña hay muchos que todavía registran esa huella: el edificio Lolita, el edificio Las Garcitas, el edificio Balsa, el edificio Mirasol... No hay uno que no se nos revele con una historia que se enmarque en un nombre que esconde, seguro, una vida mucho más interesante que esos dígitos que nos identifican en un punto determinado de la acera. No sé quién era esa Lolita ni tampoco esas Garcitas que destapan un pasado misterioso, pero desde luego responden a una tendencia que abundaba en aquellas décadas, en las que cualquier negocio, fuera del tipo que fuera, acababa marcado por el nombre de pila: peluquería Marisol, zapatos Yolanda o casa Celia. Claro que después la moda dio un giro y esas peluqueras se pasaron a estilistas con nombre y apellido: María López, Rosa García o Marisa Martínez, que avalaban su buen hacer con todo el poder personal. En esa onda, ahora no hay construcción urbanizable que no apele al sentimiento propio con pazos y fincas que apuesten por la galeguidade de su terreno: finca de Xaz, finca Montesqueiro, Lugar de Pazo..., en un intento de recuperar la esencia rural como un punto a favor para residir o disfrutar, aunque sea en pocos metros cuadrados.

¿Y tu edificio, aún esconde un nombre?