Sara Montero: «Hace un año vendía viajes y ahora vendo electricidad»

De agente de turismo a comercial de la luz, ella es un ejemplo de los cambios vitales producidos por la pandemia


a coruña / la voz

El covid nos ha cambiado la vida a todos, pero a unos más que a otros. Tras 25 años en el sector del turismo, la coruñesa Sara Montero se quedó en el paro este verano debido el cierre de la agencia de viajes Rai, que tanta felicidad repartió por todo el mundo, con Fanny, Agustín y Sara al frente. Esta última todavía no es capaz de pasar por delante de su local en San Andrés, ahora con la persiana bajada, porque se le saltan «las lágrimas».

-¿Cómo ha cambiado su vida?

-Del día a la noche. Hace un año vendía viajes y ahora vendo electricidad. Debido al covid, pasé de los viajes soñados a los kilovatios; de vender ilusión a que te venga alguien a decir que la luz ha subido mucho o que no está de acuerdo con una factura.

-Es como poner los pies en el suelo de repente, ¿no?

-Sí, porque ves muchos problemas. Hay muchas más personas vulnerables de lo que pensamos. Hay gente que no puede ni pagar la luz; cuanto más, un viaje. Antes vivía en un mundo mágico, rodeada de gente que se podía permitir esos sueños e ilusiones.

-¿Lo ha pasado muy mal?

-Sí. A mí me robaron mi vida un 14 de marzo. Quiero volver a San Andrés. Me cuesta mucho pasar por allí.

-Desde su puesto en Viajes Rai solía decir: «¡Nos vemos a la vuelta!». ¿Tiene nueva coletilla?

-Lo que digo mucho ahora es: «Usted no se preocupe, seguro que la próxima factura ya vendrá regularizada a la baja. Piense que ahora la alta demanda de consumo ha provocado estos precios elevados. Y lo que necesite, aquí estamos para ayudarle».

-Es un tema la subida...

-Y para una persona a la que ya le cuesta llegar a fin de mes, una subida de 10 o 15 euros supone mucho. Lo que más estamos canalizando ahora son las quejas por la subida de la luz.

-Su oficina está en una esquina de la peatonal en Arteixo, uno de los municipios con mayor afección del covid. ¿Cómo lleva eso?

-Bien. Estamos limpiando la oficina dos veces al día. Tenemos mamparas y geles hidroalcohólicos por todos los lados. ¡Se me va a acabar yendo la huella dactilar de tanto echarlo! [Risas].

-¿Hay respeto a las normas?

-Sí, la gente aquí está muy concienciada y cumple las normas. Y todos son muy agradables. Nos dicen que qué bien que estemos aquí para ayudarles, que antes tenían que ir a A Coruña.

-¿Echa de menos los viajes?

-Muchísimo. Se habla de la hostelería, pero en el turismo hubo un parón total. Se anularon vuelos, cerraron hoteles... Ver toda esa paralización de repente pone los pelos de punta.

-¿Cuándo volveremos a viajar?

-Es que ya no es solo la pandemia, sino la repercusión económica que conlleva. Si tú te quedas sin trabajo, lo último que piensas es en irte de vacaciones.

-Viajar ya era un lujo antes.

-Exacto, para mucha gente era un extra. Pero ahora, con tanta gente en el paro o en ERTE...

-Usted lleva toda la vida en esto.

-Sí, empecé con veintipocos años en el hotel Riazor. Recuerdo que me hicieron un contrato de prácticas por el que me pagaban 34.000 pesetas. Estuve un año allí, pasé a una mayorista que pertenecía a Spanair, después a Viajes Eroski, luego a Viajes Aviatours, de o Burgo...

-...Y hace ocho años entró en Rai.

-Sí, hasta que a finales de julio de este año tuvo que cerrar, porque la situación ya era insostenible. Lo echo mucho de menos.

-Nuevo destino: el gas y la luz.

-Sí, he decidido reciclarme y cambiar, pero son 25 años dedicándome al turismo, y eso no se puede olvidar de un día para otro.

«Me planteé estudiar unas oposiciones y, de hecho, estoy en ello»

Érase una sonrisa a una mujer pegada. Súmenle un optimismo permanente y cientos de emoticonos de felicidad a su alrededor [es de las que no escatiman corazones en sus mensajes de WhatsApp], y ya tenemos el retrato de Sara Montero (A Coruña, 1973), alegría a raudales a pesar de haber tenido que rehacer su carrera profesional.

Hace unos días, cuando se estrenó como asesora comercial de Naturgy, escribió en su página de Facebook: «Hay momentos en la vida en los que toca reinventarse, seguir respirando y viviendo. Ha sido esta semana el inicio de una nueva etapa (...) Espero y deseo, algún día, volver a cumplir vuestros sueños de viajar, de recomendar sitios maravillosos, de deciros: «Mándame una foto», de desearos un «¡feliz viaje!» y un «¡nos vemos a la vuelta!».

-¿Qué fue lo primero que pensó cuando su agencia cerró este verano? ¿Hay que sobrevivir?

-Tengo salud y, afortunadamente, no me falta de nada, así que aproveché para estar más tiempo con mi hija. Luego me planteé estudiar unas oposiciones y, de hecho, estoy en ello, preparándome para ser auxiliar de la Xunta. Me anoté en septiembre.

-Pero sigue enganchada a los viajes. De todos los sitios a los que ha viajado (que han sido muchos a lo largo de su carrera), ¿con cuál se queda?

-Con Nueva York. Siempre dije que el día que pudiera ir a esa ciudad ya me podía morir tranquila. También estuve en Washington, Orlando, Miami... Pero Nueva York es el destino que ahora repetiría, sin duda. Volvería mañana con los ojos cerrados.

-¿Y su último destino precovid?

-Pues en enero del 2020 estuve en Israel. Jerusalén me impresionó. Creo que la mezcla de culturas es impactante.

Empatía: Si algo define a Sara Montero es la rapidez con que conecta con las personas que la rodean. Por eso no tuvo problema en pasar de vender vuelos a Canarias a vender kilovatios.

Curioso: Antes del covid, Sara no se perdía una obra de teatro o un concierto. El que recuerda con mayor predilección es uno de Marc Anthony en el estadio Vicente Calderón.

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