La economía local en el precipicio

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Javier Becerra

Es dolorosísimo ver como crecen cada día más los carteles de "se vende" o "se alquila" en los locales de la ciudad. De tras de cada uno de ellos hay vidas destrozadas por la crisis

18 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Iba a escribir de las pintadas con las que amaneció la fachada del colegio Compañía de María el pasado sábado. Ayer ya se había reparado con un remiendo de pintura. Pero aún se podía ver el penoso rastro del espray de un desalmado que en la madrugada no tuvo mejor cosa que hacer que plasmar un simulacro de grafiti. No contento con su bazofia pseudoartística, pintó de lado a lado los más de 20 metros del frente del edificio. ¡Qué pena tenerlo como vecino! A él y todos los que ensucian los muros de la ciudad, sin indultar siquiera a los edificios catalogados.

Sin embargo, fue peor aún la impresión que me causaron otras fachadas, las de los bajos de cuyos escaparates cuelgan carteles de «se alquila» o «se vende». Conté al menos una docena en un trayecto de unos cinco minutos caminando por la zona en la que Riazor empalma con la plaza de Pontevedra. A muchos de ellos los vi nacer. Otros los descubrí ya en pleno funcionamiento, hace muchos años. Hoy son un rosario de víctimas de la parálisis económica generada por el coronavirus y su asfixia. Nadie se salva. Hay de todo. Tiendas de ropa, locales de delicatesen, pequeños ultramarinos, clínicas de fisioterapia, zapaterías y pequeños cafés. Todos con los letreros de ese odioso naranja fluorescente. Una cruz que anuncia otro nuevo fracaso y proyecto roto, un emprendedor que lleva muchas noches sin dormir y una familia seguramente destrozada.

No nos habíamos recuperado del ciclón de la crisis del 2008 y ahora llega esto, sin que exista más solución que la reconstrucción cuando llegue la vacuna. Está también nuestro gasto. Tiritas para calmar heridas mucho más grandes, aunque ayudan a que el dolor sea menor. Tengámoslo en cuenta estos días.