El faro recibió al primer grupo de visitantes tras el estado de alarma
05 jul 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Tras echar el cierre en marzo, la torre de Hércules ha pasado más de tres meses sin recibir visitantes. Desde ayer vuelve a estar abierta. La semana previa a su reapertura, varios turistas paseaban por el lugar esperando poder pisar las ancianas escaleras que conducen a las vistas panorámicas de la ciudad. Erica Ferreiro, cara visible del punto de atención al visitante, comentaba cómo durante estos días «mientras veníamos a montar las cosas de la oficina, había gente que ya quería entrar». La apertura del monumento fue algo más tardía que en otras ciudades gallegas. Esto no fue motivo de crítica por parte del público, que «entendía perfectamente la medida en cuanto se lo explicaban», añadía Ferreiro.
La vuelta a la normalidad del antiguo faro romano se hizo esperar hasta este sábado y el tiempo en la ciudad herculina le acompañó, a pesar de que «la gente viene igual haga sol o no». «Al acercarse durante unas horas a este punto, quieren aprovecharlo», explicó Erica. La directora de la Torre, Ana Santorun, reconocía que esta demora estaba justificado porque su único objetivo era «conseguir la total seguridad de los trabajadores y los visitantes». Para ello, «hemos implantado las medidas habituales y recomendadas, con hidrogel en las entradas y salidas, y alfombras desinfectantes». El equipo de limpieza también se ha reforzado.
El comienzo de la visita figuraba a las 10.00 horas, y los primeros visitantes se presentaron antes de tiempo. Con la entrada en la mano, Jesús y Maribel, de Irún, formaban parte del primer grupo que ayudaría a recuperar la normalidad en la insignia coruñesa. Era la primera vez que la pareja visitaba la ciudad, aunque ya habían estado en Galicia. A Jesús, las escaleras no le iban a coger por sorpresa y Maribel decía estar preparada para subirlas: «Venir a la Torre es una visita obligatoria».
Más tarde llegó el resto de integrantes del primer grupo, también procedentes del norte. Aitor y Amaia, junto a sus dos hijos, Garazi y Manex, viven en el País Vasco. Fieles visitantes de Galicia, intentan volver todos los años: «Solíamos venir a A Coruña en pareja». La torre de Hércules la conocieron «hace años». En esta ocasión, aprovechando que asistían a las regatas celebradas en la ciudad, decidieron pasar antes por el faro para enseñárselo a sus hijos. Los jóvenes se mostraban expectantes y sin saber qué esperar de ella. Lo que quedaba claro de este primer grupo es que a ninguno de ellos les imponían los 234 escalones, ya que «las vistas merecen la pena».
Doble puerta
La salida de la Torre se produjo por una puerta diferente a la de acceso y las expectativas que llevaban los turistas se cumplieron. Los escalones no supusieron un problema: «Estamos todos en forma», bromeaban. El paisaje que les desveló el piso más alto fue «impresionante», según apuntó Maribel. Precisamente, cuando acabaron su visita, Amaia se compadecía de las guías que sí debían subir los pisos varías veces al día.
Para la directora, la previsión de visitantes «sigue siendo una incógnita». Según el punto de información «ya se observa un movimiento más ajetreado».