Me preguntaba el lunes si no habré saltado el alivio y me habré pasado al susto, directamente
17 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.En la frutería del barrio han quitado la barricada de cajas y cuerdas que nos ha acompañado desde marzo. No era demasiado profesional, y sin embargo esta semana al entrar en la tienda me he sentido como si me hubiesen quitado un muro de metacrilato esterilizado. Seguimos respetando la distancia y lucimos mascarilla, pero la barrera había sido sustituida por una cinta en el suelo y unos carteles informativos. Los pimientos están algo más baratos, así que la nueva normalidad debe de ser esto: que los precios bajen y las barreras físicas desaparezcan, pero el miedo no.
Porque esta semana han quitado también el precinto de los columpios. Aunque el lunes por la mañana el parque de nuestra calle estaba vacío, por la tarde parecía que estábamos en junio, sí. Pero en junio del 2019. Los niños se columpiaban, los padres charlaban, entraban y salían familias enteras... y una se marca un rodeo para evitar preguntas infantiles que no se pueden responder. ¡Están los niños!, dijo el mío. Sí, pero hoy no se puede ir, que son los mayores. En el BOE y en el DOG deberían incluir un anexo con un listado de mentirijillas piadosas para evitar dramas porque los demás sí se tiran por el tobogán y tú no.
En China han identificado siete fases psicológicas que provoca la pandemia y el confinamiento. Aquí estamos en la de alivio, felices de pisar la calle y olvidando lo pasado. Luego, no se crean, viene el temor. A lo que vendrá después y a las consecuencias. Delante de los columpios, abriendo esta nueva normalidad de nombre absurdo, me preguntaba el lunes si no habré saltado el alivio y me habré pasado al susto, directamente.