Sin más agujeros para apretarse el cinturón

Las economías familiares rozan el límite. Cierres de negocios y ERTE dejan muchos hogares sin ingresos


a coruña / la voz

La crisis sanitaria provocada por el covid-19 está teniendo múltiples repercusiones que afectan a todos los ámbitos y con la economía como uno de los más destacados. Afectados por ERTE, mayores dificultades para encontrar empleo, carencia de ingresos en las familias y otros problemas a los que no escapan los coruñeses.

«No tenemos para el alquiler, solo para comida y poco más», explica Andreína Roca, una joven de 32 años que se vio obligada a acordar un aplazamiento del pago de la renta de su piso con su casera. Eso, debido a que ella lleva meses buscando trabajo y porque su pareja todavía no ha percibido el dinero del Estado que le corresponde por el ERTE en el que está implicado, una situación que comparten con muchos ciudadanos.

Otro problema que comparten con la sociedad es la «incertidumbre» sobre el futuro, el desconocimiento de cómo y cuándo llegará la recuperación económica. «A ver cómo está el mercado, pero las oportunidades dependen de las circunstancias generales», añade Andreína.

Una recuperación que será complicada, advierten expertos en materia económica. «El parón va a arrastrar, no es el 2008 porque es otra situación, pero habrá otra crisis de confianza. Volver a abrir la persiana va a costar y el consumo se volverá a retraer», explica Jesús Vázquez, asesor fiscal.

También considera que hay que diferenciar entre el cierre de un negocio y la pérdida de un empleo: «No es lo mismo perder un puesto de trabajo que perder tu negocio, el que lo tiene que cerrar lo hace con deuda y ahí se va el patrimonio. Además, si se cierra lo que genera puestos de trabajo, pues no habrá empleo».

Mientras, Luciano Covelo, secretario general de la Asociación de Jóvenes Empresarios, califica la situación de «golpe duro» y descarta que haya una recuperación económica «antes de final de año». Además, apunta que las «ayudas y el crédito no están llegando», un problema añadido.

«Si no fuese por la ayuda de Renacer, estaría en la calle»

Ana Elisabeth González tenía un trabajo hasta diciembre, pero entonces su situación cambió: se quedó sin ninguna fuente de ingresos. El covid no ha venido más que a empeorar las cosas. Por eso recurre a Renacer en busca de sustento y un sitio en el que dormir cada día.

«Gracias a ellos no me falta ni techo ni comida, si no fuese por ellos y su ayuda estaría en la calle», explica esta venezolana que además de usuaria también colabora en tareas de esta asociación benéfica, como la distribución de alimentos, en la que destaca que pueden llegar a atender a más de 200 personas en un día.

Esa es su situación actual, pero también piensa en el futuro una vez que se termine el confinamiento. «Tengo mucha fe en poder lograr un trabajo, pero la situación que viene va a ser fuerte», explica Ana Elisabeth, quien se muestra dispuesta a «trabajar de lo que sea» aunque es consciente de que se avecinan «tiempos duros». «No sé cómo van a actuar las autoridades», añade sobre posibles ayudas y medidas estatales. A pesar de su situación personal espera que una vez que se supere la epidemia del covid-19 la experiencia «sirva para concienciar a la gente, que nos sirva para mejorar como sociedad»

«No duermo por el dinero que no voy a recuperar»

Manuel y Mar son los dueños de una empresa mediana que se dedica a la venta y distribución de alimentos para la hostelería. La depreciación que sufrirá el producto que tienen almacenado y algún cliente que no podrá pagar sus compras centran su preocupación.

«No duermo de noche porque tengo mucho dinero en la calle y sé que mucho no lo voy a recuperar. El gran problema es cobrar lo que ya está entregado», explica Manuel, quien detalla que tienen las cámaras frigoríficas «a reventar». «Tenemos productos con cuatro semanas de vida que no vamos a poder vender», añade. Angula, lamprea o carne roja son algunos de los alimentos que se les acumulan y que tendrán que «malvender». Para mitigar daños, piden unión en torno al sector de la hostelería y ayudas como la condonación de los alquileres a los restaurantes.

Mientras, Mar explica que pidieron un ERTE para sus 28 trabajadores y que ya se plantean «entrar en otros negocios si esto se alarga porque habrá problemas de viabilidad». Las semanas pasan y el producto y los gastos se siguen acumulando sin ver una salida clara: «Las cámaras siguen encendidas y los gastos siguen siendo los mismos».

«Vivimos al día con la pensión de mi marido»

Trini González tiene una pasantía en la que ella sola daba clases a una veintena de niños, una actividad que paralizó por el estado de alarma y por la que probablemente no vuelva a obtener ingresos hasta el inicio del próximo curso, lo que supone demasiados meses para hacer frente a gastos también en casa, donde convive con varios familiares.

«Vivimos al día con la pensión de mi marido y ya está», explica Trini, quien vive con su marido, su madre, su hija y dos nietas. «Voy solucionando los problemas según van surgiendo», añade.

En su caso tuvo que solicitar el cierre temporal, pero no ha visto ninguna ayuda por el momento. «No sé cuándo me van a pagar, estoy esperando por esa cantidad, pero tampoco es muy grande», dice esta profesora, que mientras tanto tiene que hacer frente a facturas en casa y del local en el que ofrecía las clases. «Colchón del negocio no hay, se vive al día y son cerca de 900 euros los gastos que tengo todos los meses. Al no tener ingresos, no sé cómo hacer», explica Trini, quien se plantea pedir la ayuda por reducción de ingresos del 70 % por cese de actividad.

«El futuro se ve gris para poder buscar empleo»

Rafael Medina es uno de los ciudadanos que una vez que finalice el estado de alarma y se comience a recuperar la normalidad tendrá que afrontar la dura tarea de buscar un trabajo, ya que en el anterior su contrato estaba a punto de expirar.

«El futuro se ve gris para poder buscar empleo más adelante. Va a ser bastante dura la situación porque no sabemos qué va a pasar, cómo va a ser el desconfinamiento y cómo volverá a consumir la sociedad», dice este vecino de 29 años que, además, se encuentra en medio de una disputa laboral, lo que le hace temer posibles problemas para poder llegar a cobrar la prestación por desempleo. «La empresa nos dio de baja y dicen que lo hicieron correctamente, pero el SEPE nos asegura que estamos en un ERTE y que mientras siga el estado de alarma no nos pueden despedir», indica.

Mientras resuelve su situación y piensa en su futuro, tiene que seguir afrontando los problemas habituales del día a día. «Tuve que cancelar la mitad del alquiler y si para el mes que viene no cobro, me veo en una situación complicada», explica.

«Iba a comprarme un piso y dejé todo parado»

Luis Taboada es un coruñés de 28 años que en un primer momento pudo seguir trabajando, pero desde hace diez días está en un expediente de regulación temporal de empleo, una situación que dificulta la emancipación, un paso ya de por sí complicado para los jóvenes.

«Ahora vivo con mis padres y estaba mirando un piso para mí, preferiblemente para comprar, pero tuve que dejar todo parado porque no podría dar garantías de nóminas ni nada. Espero poder retomarlo una vez que se normalice la situación», explica.

La realidad que se le ha presentado en sus primeros años de trayectoria laboral «es un golpe», afirma Luis, quien se consuela asumiendo que «al final dependes de otros sectores y te repercute, así que tus planes se tienen que posponer».

Luis trabajaba como técnico de logística en una empresa de cuarzo que comenzó a notar los efectos de esta crisis cuando el covid-19 llegó a América. «Íbamos bien, pero nuestro gran cliente es Estados Unidos y nuestros pedidos bajaron. En cuanto vuelvan a un ritmo estándar ya podríamos reincorporarnos», dice.

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