Ya no hay rubias (ni hipsters) en Coruña

Queridos coruñeses, a la vuelta de la esquina no nos va a reconocer ni la madre que nos parió


El confinamiento me ha abierto un mundo a través de la ventana y, aunque es poco el movimiento que se ve, una podría llegar a pensar que siempre observa a la misma persona cruzando la acera. Es como si los coruñeses y las coruñesas nos hubiéramos mimetizado en un tipo, en una categoría humana. Yo desde mi ventana solo veo, en realidad, dos clases de personas: las que tienen perro y las que no; y las que llevan chándal y las que no. Los coruñeses podríamos reducirnos, más o menos ahora, a este análisis si no fuera porque desde mi observación empírica se abren otras grandes pantallas a través de mi móvil. Y en ese otro universo en el que veo pasar a amigos, conocidos, compañeros y familiares he caído en la cuenta de que ya no queda tampoco ningún hipster. De pronto se los ha tragado la tierra, ni rastro en la calle y ni rastro tampoco en las conexiones esporádicas que me llegan por el teléfono. No hay barbas exquisitamente cuidadas, no hay tupés milimetrados y ya no hay hombres vestidos con pantalones tobilleros que no lleven calcetines. El COVID-19 se ha llevado por delante toda una estética masculina que, en estas circunstancias, puede derivarnos en otro tipo de homo coruñesis. No quiero ponerme apocalíptica, pero sabiendo como sé que no hay láser que elimine esa pelambrera de la espalda, sabiendo como sé que no hay quien les haga a estos tipos la cera en su pechamen, sabiendo como sé que no hay gimnasio ni entrenador personal que mantenga esas abdominales de cachimén, es posible que la operación bikini coruñesa, después de esta cuarentena, necesite mucho cirujano con bisturí. Porque de aquí a un mes, los ex hipsters tendrán unas greñas descomunales y la barba se parecerá a la de Tom Hanks cuando le hablaba a Wilson. Queridos coruñeses, a la vuelta de la esquina no nos va a reconocer ni la madre que nos parió. Lo sé porque yo antes tenía amigas rubias. No una ni dos ni tres. Tenía muchas amigas rubias. Yo misma era rubia. Pero sin saber cómo de pronto mi pelo empezó a mutar en una decoloración que no se ha visto ni en el día del Orgullo. Hay mujeres que ahora mismo lucen cabellos tricolores (cuéntense las canas que echamos al aire) en una nueva tendencia que de seguir así va a confinarnos para siempre. Porque a ver quién es la guapa que cruza el primer día de libertad toda la plaza de Lugo con este aspecto.

Yo creo que si salgo de casa en algún momento, no me llegarán gafas, gorros y abrigos para esconderme de mí misma antes de llegar a ese momento transformer en la peluquería. Claro que bien visto, es ahora, en este tiempo chungo en el que se ven más pelos en tu cuerpo que nunca, cuando una se da realmente cuenta de que la belleza está en el interior. En el exterior no queda nada. Bueno, tal vez algo más de pelo en el bigote. Ahora lo sé; mi raíz me delata: como tú, yo también soy morena.

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