Aquel gran concierto del estadio de Riazor

Alejandro Sanz ha vuelto a sacar a la luz la posibilidad de usar el estadio para grandes citas musicales

ENTRADA PARA UNA DE LAS JORNADAS DEL CONCIERTO DE LOS MIL AÑOS
ENTRADA PARA UNA DE LAS JORNADAS DEL CONCIERTO DE LOS MIL AÑOS

Anda el patio revuelto respeto a la posibilidad de volver a usar el estadio de Riazor para grandes espectáculos musicales. La cuestión la ha sacado a la luz el concierto que tiene previsto ofrecer Alejandro Sanz el próximo verano. Pero no es nada nueva. Se trata de una polémica eterna que aparece y desaparece en cuanto surge la oportunidad de traer a un gran nombre y la realidad hace que las ilusiones se den contra la pared: o se hace en Riazor o no se puede hacer en la ciudad. Ocurrió con los Stones, ocurrió con U2 y ocurrió con Springsteen. Todos ellos se plantearon... y se esfumaron rápidamente al no poder disponer del recinto.

Ahora la situación resulta aún más frustrante, ya que A Coruña se ha convertido en la gran ciudad gallega para la música en directo. Lo indican los promotores, que aseguran que venden muchos más tiques aquí que en cualquier otra ciudad de la comunidad. Por ello muchos conciertos únicos en Galicia se realizan en A Coruña, cuando antes iban a otras ciudades. Un vistazo a los últimos años de programación del Coliseo da fe de ello.

Mientras tanto, todos o casi todos hemos emprendido un viaje en el tiempo a 1993 con esta noticia. Concretamente, a los días 8, 9 y 10 de julio cuando esta ciudad se convirtió en la gran fiesta del rock gracias al Concierto de los Mil años. Entonces no existía ni Festival de Benicasim, ni Resurrection Fest, ni MadCool. Algo así era único y esa circunstancia propició que riadas de gente acudieran de todos los puntos de España. Venían a ver a un elenco de lujo. Neil Young, Robert Plant, Sting, The Kinks, Wilson Pickett, Bob Diddley, Jerry Lee Lewis, Chuck Berry, Chris Isaak, John Mayall y The Animals, entre otros actuaban en él.

Fueron tres jornadas tremendas en las que los coruñeses nos sentimos en el centro del mundo. En la memoria colectiva permanece el orgiástico Whole Lotta Love de Led Zeppelin que se marcó Robert Plant diciendo: «¡Pellizcaros, no es un sueño!». También, la estratosférica exhibición de clase de un Wilson Pickett que sacó brillo al soul a la orilla de Riazor. Y, por supuesto, a un Neil Young mezclando su lirismo contry-rock en el toque grasiento de Booker T & Mg’s.

Muchos de nosotros éramos jóvenes. Nos encontramos con eso ahí, flipando. La ciudad se tiñó de cierto halo hippie, con gente durmiendo en los jardines ante la falta de plazas de hotel. Salimos en las revistas especializadas en las que leíamos sobre conciertos que siempre nos quedaban lejanos. Y sentimos un pálpito tremendamente excitante. Pensamos que era el inicio de algo. Pero no. El Festival de los Mil Años se quedó como el símbolo juvenil de unos musiqueiros cada vez más viejos y cada vez más nostálgicos. Siempre hablando de aquel festival, porque nunca pudieron hacerlo de los Stones, Springsteen o U2.

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