Inaugurando pasarelas

Los que ahora se burlan del afán de inaugurar pasarelas son los mismos que hace unos años se quejaban amargamente de que en A Coruña se despilfarraba la pasta en obras faraónicas


Hay muchas risitas porque a los políticos les ha dado últimamente por inaugurar pasarelas peatonales. Como si estos pasos elevados no fuesen dignos de convocar a la prensa y a la banda municipal (la de música, digo). A ver si nos aclaramos. Porque mucho me temo que los que ahora se burlan del afán de inaugurar pasarelas son los mismos que hace unos años se quejaban amargamente de que en A Coruña se despilfarraba la pasta en obras faraónicas, elefantiásicas y megalómanas. Se ve que la pasarela sabe a poco y, en cambio, el puerto exterior sabe a mucho. Cuánto tiquismiquis.

A mí me tocó teclear las crónicas municipales cuando en esta ciudad todos los meses se escribían con erre para desayunar y cenar marisco. Entonces uno ni siquiera se levantaba de la cama por menos de un aeropuerto.

-Oye, que tienes que cubrir la inauguración de las 13.30.

-¿Qué toca hoy?

-Un palacio de la ópera.

-Llámame cuando tengas una noticia de verdad.

Y te dabas la vuelta en la cama y seguías durmiendo, a la espera de que llegase algo colosal después de las baratijas.

Abrías el buzón y no te caían encima facturas o promociones de pizza, sino invitaciones para el estreno de un estadio, un museo científico, un paseo marítimo.

Sería por tanto exceso, pero las inauguraciones a las que uno les cogía cariño no eran las más caras. Un día, por ejemplo, me tocó contar el estreno de una ducha en el Club del Mar. También se descubría un mural. Pero lo importante era aquella ducha amplia, generosa, de chorro abundante y reparador. Durante un buen rato, pensé que me había colado en el rodaje de una secuela de Amanece que no es poco, y que en cualquier momento iba a salir Saza a pegar tiros al sol. Pero no.

Y es que esto de las inauguraciones es como el boxeo: puedes ganar por KO o por puntos. Manuel Fraga era de los que vencía por acumulación. Amontonaba discursos y placas. Le ponías cualquier cosa delante, y él la inauguraba. Es tal la leyenda que los de Vox acusan ahora a Fraga de haber inaugurado el gallego. No llegó a tiempo de estrenar el idioma porque, cuando nació en Vilalba un bebé con cara de ministro, el gallego ya llevaba allí mil años, pero Fraga Iribarne no tuvo reparos en inaugurar otras antigüedades, como un tramo del Camino de Santiago o la cascada del Xallas en O Ézaro. No sé qué le parecería a Yahvé ver a un humano pulsando el botón de reinicio de la creación. Supongo que le haría gracia aquel señor que llegaba con tanta antelación a todo que poco le faltó para presentarse el día del big bang dispuesto a cortar la cinta y declarar inaugurado el universo. 

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