Se nos ha colado el anglicismo, mejor o peor pronunciado, hasta en el mercadillo del barrio
27 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.«Nosotros no estamos en contra del Black Friday. Aquí todo el año es Black Friday». Moncho Barrull, feriante, lo contaba ayer en el programa Voces de A Coruña. Se nos ha colado el anglicismo, mejor o peor pronunciado, hasta en el mercadillo del barrio. Como eslogan es bastante resultón, no me lo negarán, y deja claro que a expertos en márketing no nos gana nadie.
Los chollos están en un puesto de feria de toda la vida, en un centro comercial, en una gran multinacional, en un gigante digital de esos que nos llenan Novo Mesoiro de furgonetas blancas, o en esa librería deliciosa y aparentemente inofensiva que también manda correos anunciando ofertas esta semana. A este paso, los descuentos de mitad de temporada (no tengo claro que mid season suene mucho mejor) aparecerán en la cafetería de la esquina en forma de cruasán en dos por uno en primavera y en otoño.
Nos salen los anglicismos y los descuentos por las orejas. Las grandes marcas despliegan carteles y rebajas desde hace días y prometen que nos vamos a ahorrar una pasta si adelantamos las compras navideñas. Si hasta hace unos años la primera quincena de diciembre era ese momento que esperaban las tiendas de toda la vida para hacer el agosto, el calendario se ha adelantado y el cambio parece que ha llegado para quedarse. O para convivir con los viejos usos, como aquellas rebajas que dividían la temporada y hacían que el 7 de enero la gente entrara en El Corte Inglés a la misma velocidad que otros saltarían del Titanic. Sospecho que esas avalanchas que abrían los telediarios ahora se han convertido en miles de dedos tecleando y colapsando la web de cualquier marca conocida.
Y sin embargo hay espacio para todo. Desde el Black Friday de mercadillo al digital, pasando por los escaparates que han sustituido la ropa por un manifiesto en el que se explica por qué aquí no. Es el caso de Mónica Cordera, una diseñadora de moda que lleva dos años negándose a celebrar el último viernes de noviembre. Y este año lo ha plasmado en el escaparate de su céntrica tienda. «Por respeto a las clientas, porque nuestras producciones son muy limitadas», dice Mónica. «Y porque apostamos por un consumo sostenible», añade su hermana María. Para estas dos asturianas afincadas en A Coruña, el siguiente paso será dejar atrás el bucle de las rebajas.
Es difícil resistirse a la espiral de descuentos y consumo acelerado. A pesar de las decenas de consejos que nos bombardean estos días para que compremos con sentidiño, hagamos una lista y demás recomendaciones que sospecho que son como esos documentales de La 2 que todo el mundo ve pero que nadie recuerda.