O Quinto Pino rompe su aislamiento

Los vecinos celebran el anuncio de la construcción de la acera, medio kilómetro que los unirá con Pastoriza


Arteixo / La Voz

Cuando Miguel Castro tomó un taxi en el aeropuerto de Alvedro, pensó que su aventura gallega no comenzaba con buen pie.

-¿A dónde?

-Al Quinto Pino.

-Venga hombre, no me vacile.

-Que sí, que me han dicho que se llama así.

La anécdota ocurrió hace tres años, cuando este burgalés dejó su tierra buscando suerte en Arteixo. Este año comenzó a trabajar en el bar de O Quinto Pino, y asegura que no cambiaría por nada su nueva vida en este barrio pese al abrupto aislamiento. «Los vecinos son increíbles, merece la pena trabajar aquí», sentencia.

O Quinto Pino es una pequeña isla rodeada de un mar de cemento. Desde el parque biosaludable se observan cuatro líneas de vías: dos del puerto exterior, la AG-55 y la carretera de Carballo, que parece la circunvalación de este barrio que, si el plan del Concello no se tuerce, estará menos aislado en pocos meses. Está a punto de licitarse la obra de la acera que conectará este lugar con el núcleo de A Maceira, en Pastoriza. Se trata de una senda de 450 metros con una inversión prevista de 281.000 euros.

«Por fin», exclaman los vecinos. «Desde las obras de los enlaces del puerto exterior estamos más aislados que nunca», explica Rubén Pereiro. «Antes esto aún era un atajo para ir a Pastoriza, pero ahora ni eso, estamos solos», añade. Las obras que cita incluyeron voladuras que dejaron su recuerdo en paredes y techos de estos bloques.

Uno de los síntomas más elocuentes del aislamiento de O Quinto Pino es la visita diaria del furgón del panadero, como si de un núcleo rural se tratase. Hasta el autobús ha sido motivo de reivindicación por falta de paradas. Hoy hay dos, una en la carretera de Carballo para el servicio convencional y otra dentro de la urbanización para el transporte escolar.

Los vecinos calculan que son más de 300 las personas que residen aquí. «Apenas hay viviendas vacías, acaban de vender una después de que colocaran el ascensor». Solo hay tres calles con nombre: la principal es Buenos Aires, y las dos transversales, sin salida para el tráfico rodado, son un homenaje al mundo de la lírica: rúa María Callas y rúa María Victoria de los Ángeles. Pero la banda sonora de O Quinto Pino es el tráfico.

El anuncio de la acera que les unirá con Pastoriza es bien acogido. Pero aquí hay más reivindicaciones. «Esa valla de madera», dice Rubén señalando a la parte opuesta al bar, que un día fue suyo y antes de sus padres. «Está a punto de caerse porque no hay mantenimiento, los coches la golpean porque no hay acera, así que también deberían construir una aquí», apunta. Bajo la valla se encuentra el parque biosaludable, motivo de la segunda reivindicación vecinal. Le han pedido que lo bauticen como Parque Fernando Bardanga, un vecino muy querido y respetado que falleció hace meses.

Hubo un tiempo en que O Quinto Pino sí tenía una gran densidad de gente. Coincidió con la discoteca Help. «Venían muchos jóvenes a consumir las nuevas drogas», recuerda Rubén. El edificio acoge hoy una sede de la asociación Remar.

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