¿Caerá el cielo sobre nuestras cabezas?

El temor de Astérix y Obélix parece afectar a la ciudad y algún talud lleva dos años vallado por peligro de desprendimiento


A CORUÑA

Astérix y Obélix llevan años veraneando en la plaza de María Pita. Lo hacen invitados por Miguelanxo Prado y sus Viñetas desde o Atlántico. La presencia de los héroes galos parece estar dejando huella en la ciudad y no solo por las miles de fotos hechas con ellos, sino por haberle contagiado su único miedo: «El cielo se nos cae encima». Ese temor explicaría que desde hace casi dos años una valla rodee la parte de la Domus que da a la calle Albert Camus, al lado al paseo marítimo. El tiempo transcurrido hace que hasta el cartel -«Peligro. Desprendimientos. Pasen a la otra acera. Disculpen las molestias»- solo se lea a medias, ya que se le han desprendido la mitad de las letras.

El vallado de esta zona data de principios de octubre del 2017 cuando un vecino alertó de la caída de piedras a la acera. El Ayuntamiento procedió entonces al saneamiento del talud que sustenta la Domus, retirando varias toneladas de rocas salientes o en peligro de caída. Para ello fue necesario el empleo de maquinaria pesada. El siguiente paso, además de vallar la zona frente a la que aparcan habitualmente los autobuses con escolares que visitan el museo, iba a ser el de cubrir con una tela metálica el talud para evitar que cayeran a la acera las piedras sueltas. Por ahora esa tarea no se ha llevado a cabo.

Aunque es el más antiguo, el caso de la Domus no es el único, ya que dentro de unos días se cumplirá un año desde que está prohibido aparcar al lado de la acera que va desde el Palacio de la Ópera a la ronda de Nelle. Lo contaba en este diario Alberto Mahía con este titular: «No aparcar... hasta sabe Dios cuando». El motivo es también el temor a los desprendimientos del talud que está al lado del mural de Leopoldo Nóvoa. El vallado y la prohibición de aparcar se deben, según el Ayuntamiento, a «una medida de seguridad mientras se redactaba el proyecto de estabilización del talud». Esta decisión se tomó después de que la Policía Local advirtiera de posibles caídas de piedras en este lateral del parque de Santa Margarita. Esa posibilidad no preocupa a las decenas de personas que pasan a diario por el lugar. El proyecto para estabilizar esta zona estaría en su recta final, pero pendiente del dinero para hacerlo.

Hay espacios de la ciudad donde el temor a que el cielo caiga sobre sus cabezas se ve al revés. Así, a los vecinos de Camino del Pinar, un rincón único de Peruleiro, no les preocupa el talud que hay entre sus casas y la calle Almirante Mourelle, un vial que pasa a la altura de los tejados de algunas de sus viviendas. Fueron los dueños de un edificio de dicha calle los que alertaron del temor a que el inmueble se hundiera por la cercanía al desnivel. «En todo caso nos afectaría a nosotros, que nos caería encima, y aquí nadie protestó», razonaba un vecino de Camino del Pinar. De todos modos, el Ayuntamiento reforzó dicho vial y colocó una valla de seguridad en lo alto del talud.

La costumbre de construir en las canteras: desde Adormideras al Palacio de la Ópera

Construir en las canteras en desuso es una querencia coruñesa, al menos lo ha sido durante las últimas décadas. Como ejemplo de ello ahí está el Palacio de la Ópera, levantado hace 30 años como un recinto de congresos, encajado en la que había sido la cantera de Santa Margarita. A la vista están algunos de los desniveles que recuerdan la extracción de piedra y alientan el temor de los galos a que cualquier día caiga sobre nuestras cabezas.

También el elevador del monte de San Pedro está instalado sobre los restos de una vieja cantera. De hecho sirve para salvar un talud de más de 60 metros de altura generado en su día por esa actividad industrial.

Parte del barrio de Adormideras se asienta también sobre los restos de otra cantera y prueba de ello son los más de cien metros de talud, con una media de unos 15 metros de alto, que bordean el principal parque. Este desnivel, que delimita la amplia plaza Galatea, está cubierto de una vegetación que ha ayudado a la estabilidad del mismo.

De todos modos, Adormideras no acaba de resolver del todo sus problemas con los taludes y hace poco más de una década fue necesaria la intervención municipal en la calle Juan Sebastián Elcano para solventar la caída de rocas en esa zona.

Desde hace unos meses los responsables del Club del Mar están planteando a las distintas Administraciones la necesidad de solucionar el desnivel de bajada a la playa y mejorar así la accesibilidad al arenal. En la actualidad un largo tramo de escaleras o una empinada cuesta son las vías de acceso, tanto hasta las instalaciones del club como hasta la playa de San Amaro. En un extremo de este arenal se conserva la estructura del muelle de carga y descarga de aquella cantera sobre la que nació Adormideras.

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