En el 2008 solo se inscribieron seis personas. Entonces el Ayuntamiento, gobernado por PSOE y BNG, hizo un esfuerzo, mejorando los premios y abonando los gastos de elaboración. La participación se multiplicó y el concurso recuperó su esplendor.
23 ago 2019 . Actualizado a las 10:40 h.Existen pocas expresiones más claras de la cultura popular en A Coruña que la romería de Santa Margarita. En esa ciudad de los barrios, en la que la mayoría de sus habitantes tienen su origen en aldeas, esa celebración hacía de enganche entre el mundo rural y la ciudad. Ropa de domingo, hileras de rosquillas blancas y marrones, bombas de palenque, banda municipal, pasodobles, gaitas, pulpo y, por supuesto, un juguetito para el niño (a poder ser una de esas televisiones en las que se veían diapositivas de la ciudad). Nunca vi a mis padres tan integrados en una celebración coruñesa como allí.
Esta acogía un evento estrella: el concurso de la empanada. En el anfiteatro del parque de Santa Margarita se juntaban miles de personas para rendir tributo a ese producto estrella de la gastronomía gallega. Quizá eran otros tiempos y las alternativas de ocio resultaban escasas, pero el recuerdo que tengo de aquello, allá por los ochenta, era el de una fiesta excepcional. Ganarlo te convertía en una suerte de celebridad local, con una página en La Voz y todo. Al final, se repartían las piezas a concurso entre los asistentes. Avalancha. Hacerse con un pequeño trozo era una proeza.
El calendario pasaba, pero la romería se quedó en una cápsula temporal, ajena a todo. Quizá sin barquitas en la puerta de Santa Margarita, pero siempre con su esencia de mantel en la hierba, abuelos con nietos y comida de campo. El concurso de la empanada fue creciendo, presentándose hasta un centenar de personas en algunas ediciones. Pero, de pronto, decayó. En el 2008 solo se inscribieron seis personas. Entonces el Ayuntamiento, gobernado por PSOE y BNG, hizo un esfuerzo, mejorando los premios y abonando los gastos de elaboración. La participación se multiplicó y el concurso recuperó su esplendor.
En el 2015, con Marea Atlántica en el poder, se produjo algo inexplicable. Cuando la gente empezaba a llamar a la Redacción del periódico preguntando por el concurso, caímos todos en la cuenta de que el Ayuntamiento no lo había convocado. Seguramente se trató de un olvido que, en lugar de admitirse, se resolvió de una manera totalmente estrafalaria: se hizo una convocatoria a última hora no competitiva y donde las empanadas se podían contemplar, no comer. Participaron dos personas. Luego, el gobierno local evidenció su rechazo al acto por omisión: dejó morir una tradición de años, borrándolo de las fiestas.
Este año, con el PSOE, tampoco habrá concurso de empanada. Pero, al menos, queda la promesa de que se recuperará el año que viene. Algo tan sencillo, tan popular y tan de aquí no debería desvanecerse. De cumplirse, en agosto del 2020 muchos de nuestros abuelos ausentes sonreirán desde el más allá sabiendo que, al menos eso, sigue igual que siempre. Que así sea.