Un récord de recaudación que no se ha reflejado en el estado de la ciudad

Los ingresos por tributos directos superaron por primera vez los 100 millones al año


A Coruña

Por primera vez en su historia, la recaudación del Ayuntamiento en impuestos directos superó los 100 millones de euros en el 2018. Está previsto que los ingresos por esos tributos, entre los que destaca el IBI con más de 60 millones, vuelvan a incrementarse este año, alejándose todavía más del horizonte de los cien millones.

Pero no solo se han incrementado los impuestos directos. En los últimos cuatro años también ha mejorado la recaudación de las tasas, en especial la de la ORA, y además han aumentado los ingresos por multas, que este año deben aportar más de seis millones de euros a las arcas municipales.

Mientras tanto, han descendido los ingresos por impuestos que graban la actividad económica, y este año se esperan recaudar 11,5 millones por el IAE, 800.000 euros menos que durante el 2018.

Pese a ello, el Ayuntamiento y los entes que dependen del mismo manejaron más de mil millones de euros en los últimos cuatro años. Sin embargo, ese creciente volumen de fondos no se reflejó en el estado de la ciudad.

Así lo indican las distintas encuestas realizadas por Sondaxe durante los últimos cuatro años, en las que siempre se reflejaba la misma tendencia: una mayoría de ciudadanos consideraba que la ciudad está peor o mucho peor, y otro importante bloque afirmaba que la situación se mantenía igual. En la última encuesta de ese tipo, de mayo, el 51,5 % de los encuestados decían que la ciudad estaba peor o mucho peor. Incluso entre los votantes de la Marea, solo el 44,2 % decían que estaba mejor.

Así lo explica Julio Sequeiros, catedrático de Estructura Económica de la UDC, que considera que los impuestos municipales «son altos, especialmente el IBI, pero la ciudadanía no ha visto una contrapartida a las subidas que han experimentado».

El caso del IBI, el tributo que más fondos aporta a las arcas municipales, es paradigmático. Los coruñeses son los ciudadanos gallegos que más pagan por ese impuesto, cuyo tipo mínimo fue incrementado por el Gobierno central de Mariano Rajoy en los peores años de la crisis para paliar la falta de liquidez del Estado.

La mejora de la situación económica llevó al Ejecutivo a autorizar bajadas del impuesto desde el 2015. Así lo hicieron los gobiernos de Compostela Aberta y Ferrol en Común, pero la Marea Atlántica mantuvo en A Coruña el tipo mínimo que había marcado el equipo económico de Rajoy.

Esa decisión causó polémica. El PP reclamó durante todo el mandato que se rebajase el impuesto. El PSOE se sumó en ocasiones a esa reivindicación, pero cuando ambos partidos se habían puesto de acuerdo para forzar una bajada, el alcalde saliente, Xulio Ferreiro, evitó que fuese así retirando el debate de las ordenanzas fiscales del orden del día del pleno. Esa decisión aún causó más conflicto, pero el IBI no bajó y durante la campaña electoral apenas se trató la política fiscal. Está por ver si el próximo Gobierno mantiene el impuesto en el tipo actual, el de la crisis, o impulsa una reducción del mismo.

Más allá de la subida que han experimentado el IBI o el IVTM durante los últimos años, Sequeiros insiste en la escasa repercusión que ha tenido para los ciudadanos, que «no han visto una contrapartida, especialmente en términos de limpieza o de mejoras en la circulación vial». Para el catedrático, esas circunstancias pueden explicar en parte los resultados de las últimas municipales, a su juicio el gobierno saliente «perdió mucho tiempo en los tres primeros años. Espabiló al final, pero ya no llegó a tiempo».

«No puedo decir si son altos, hace falta más información»

Ángel Martínez es pensionista, como otros entrevistados que prefirieron no posar, señala que no puede decir si los impuestos en A Coruña «son altos» o si esos fondos están bien o mal empleados. «No tengo ni idea, me limito a pagarlos cuando toca», dice riendo, y afirma que «haría falta más información».

«Son como en todos los sitios, pero se gasta mal»

Manuel Mariño fue práctico. Conoce bien Avilés y Ribeira, y considera que los impuestos en A Coruña son «con como en todos los sitios, porque pagamos mucho en todas partes, pero aquí se ha gastado mal». No cree que la situación vaya a mejorar con otro gobierno: «los políticos generan más gastos que beneficios», dice.

«Cuanto más bajos mejor, porque no se han usado bien»

Emilio Casal trabajó en Repsol y está jubilado. Cree que los impuestos deben ser «cuanto más bajos mejor, porque no se han usado bien», y cita obras que a su juicio no eran necesarias como «el pirulí» -el Millennium- o la «bolita» -el ascensor de San Pedro-. «Mejor sería haber gastado el dinero en otras cosas», dice.

«Los beneficios tendrían que notarse en la calle»

Loli Peón es ama de casa y voluntaria de la Asociación Española contra el Cáncer. Cree que los impuestos municipales son «muchos para lo poco que se cuida la ciudad, que está hecha un verdadero desastre». Pese a ello, subraya que «hay que pagarlos, pero los beneficios tendrían que notarse en la calle».

«Hay que pagarlos, pero la ciudad está algo descuidada»

Juan Romero trabaja en una agencia de publicidad. No cree que los impuestos municipales sean muy altos: «Son los habituales», dice. Sí considera que la ciudad «está un poco descuidada» en relación al dinero que pagan los vecinos, pero cree que hay que «dejar tiempo» al nuevo gobierno para que intente invertirlo mejor.

Mucho dinero, y poca capacidad para invertirlo

Hay varias razones que explican que los elevados ingresos municipales no se hayan traducido en mejoras más evidentes para los ciudadanos.

Por una parte, el gobierno local no ha logrado invertir el dinero que ingresaba el Ayuntamiento. La ejecución presupuestaria durante la primera mitad del mandato fue la más baja de la década, lo que se tradujo en pocas obras de importancia. De hecho, desde el 2015 no se ha construido ninguna guardería, parque, centro cívico, espacio cultural o vivienda municipal nueva. Las principales obras fueron la renovación de la cubierta de Riazor y el carril bici, que se ejecutó casi al borde de las elecciones municipales. La paralización de los proyectos heredados del PP en Santa Lucía, Monte Alto o el Remanso también ayudó a reducir la inversión durante todo el mandato.

Los fondos sobrantes tampoco pudieron emplearse en obras en su totalidad. Así ocurrió el año pasado, cuando 15 millones de euros que se iban a destinar a mejoras en los barrios tuvieron que ser destinados a saldar deudas con la banca porque el gobierno no pagaba a tiempo las facturas.

Los ingresos tampoco se reflejaron en una mejora de los servicios. El caso paradigmático es la limpieza de la ciudad, que ha empeorado a ojos de la mayoría de los ciudadanos a pesar de que el gasto fue similar al de mandatos anteriores. El gobierno saliente no renovó a tiempo el contrato, lo que limitó la reinversión de la empresa gestora del servicio.

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