«Hay que escuchar al otro hasta el final. Falta aprender empatía»

Es experta en todo tipo de acoso: «mobbing», «bullying», «ciberbullying», «blocking»...


a CORUÑA / LA VOZ

Luciana Cataldi es una maga de las palabras. No por su condición de argentina, que bien podría ser, sino porque es experta en solucionar conflictos a través del diálogo. Entrenadora en comunicación no violenta, fue invitada esta semana en A Coruña para formar a los socios del Círculo de Mediación de Galicia (Cimega).

-¿El diálogo se aprende?

-Pensamos que no, pero sí. Hay que enseñar diálogo pacífico.

-¿Ya desde pequeños?

-Sí, hace falta trabajar mucho más la inteligencia emocional.

-¿Está desfasada la escuela?

-Sí. La escuela debería poner el foco en aprender a convivir.

-¿Qué hacemos mal?

-Nos enseñan a ir en contra de las personas. Eso genera más violencia y después sufrimos. Hay que ir contra el conflicto.

-¿Lo tomamos a nivel personal?

-Todo. Ese es el problema.

-¿Hay que hablar sin ofender?

-Hay que hablar desde el corazón y conectar con los demás.

-¿Un lema para la vida?

-Vivir sin fingir las emociones.

-Con la obsesión que tenemos por ‘el qué dirán’, es complicado.

-Son patrones inconscientes que nos llevan a hacer esas cosas.

-¿Estamos instalados en un enfado permanente?

-Estamos muy enojados. Vivimos en un mundo globalizado que nos estresa. Y sin tiempo.

-¿Cuándo fue la última vez que usted discutió con alguien?

-Trato de no discutir porque sé cómo gestionar el conflicto. Conozco las herramientas.

-¿Me da una que sea infalible?

-Soltar las cosas. Si ve que alguien tiene ganas de atacar con la palabra, déjelo ahí. Las personas tenemos la habilidad de autorregularnos, lo que pasa es que el conflicto te atrapa. Uno empieza a discutir y el otro quiere superarlo.

-¿No nos defendemos, entonces?

-Si ve una persona que está alterada, con ganas de pelea, mírelo, con presencia y verá que se va calmando. Son las técnicas que enseñamos a profesores con alumnos muy desbordados. Cuando uno consuela a un niño que llora, este llora más. A una persona que está enfadada, le dices que se calme y aún se descontrola más. Actuar así alimenta el conflicto.

-Entonces, ¿qué hacemos?

-Dar presencia, en silencio, sin consolar. Es muy común que cuando alguien nos dice que está triste, le digamos: «¡Si te contara lo que me pasó a mí!». Eso es violento para el que lo recibe.

-¿Por qué lo hacemos?

-Nos educaron de esa forma. Hay que escuchar al otro hasta el final. Falta aprender empatía.

-También trabaja en círculos restaurativos con mujeres para fomentar su empoderamiento.

-Escuchar la narrativa de la otra, repara. No te soluciona la vida, pero fomenta el buen convivir.

«El acoso escolar surge cuando un alumno empieza a fijarse en las diferencias»

Abogada especialista en derechos de la infancia y la adolescencia, Luciana Cataldi es autora de numerosas publicaciones sobre los diferentes tipos de violencia pero, muy especialmente, sobre el acoso escolar.

-¿Cómo detectar el «bullying»?

-Es lo que más cuesta, porque faltan las herramientas. Además, normalmente, la comunidad tiende a ponerlo debajo de una alfombra para esconderlo.

-¿Por qué surge el acoso escolar?

-Surge cuando un alumno empieza a ver en el otro algo distinto. Que si tiene unas zapatillas que no son las de una marca, que si usa anteojos... Es ahí cuando empezamos a no querer al otro y a fijarnos en las diferencias.

-¿Hay que ir a las coincidencias?

-Eso es. Un inmigrante ya está estereotipado solo por el hecho de serlo.

-¿Cómo podemos evitarlo?

-Hay que poner el foco en todo el grupo, no intervenir solo entre los dos chicos que tienen o sufren esa conducta. Si la violencia penetra en el vecindario, es porque el tejido social está deteriorado.

-¿En qué consiste su método para erradicarlo?

-Hay que instaurar transversalmente la pedagogía restaurativa, formar a los maestros y en un año se pueden ver los resultados.

-¿Qué es la pedagogía restaurativa?

-Precisamente, es lo contrario a lo punitivo.

-En vez de castigar al chaval cada vez que hace algo malo...

-...Es trabajar y sanar las heridas sociales, siempre desde el diálogo y las emociones.

-¿Estamos hablando de una alternativa a la educación conductista?

-Eso es. En primer lugar hay que escuchar al alumno y ver cuáles son las necesidades.

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«Hay que escuchar al otro hasta el final. Falta aprender empatía»