La elegante lección del Imperátor en el fútbol base coruñés

Sobresaliente actuación de un técnico de benjamines del club, que pidió al árbitro que concediese un gol legal del equipo adversario


A Coruña

No tengo el placer de conocer a Álex Espiñeira, entrenador de benjamines del Imperátor, pero me parece un fuera de serie. A sus 19 años acaba de dar una lección sobre el sentido del fútbol base, la responsabilidad educativa de un entrenador y el trabajo formativo que debe hacerse desde un club modesto con material sensible: críos de 10 años.

A punto de terminar el partido contra el Orillamar, con empate a dos, el rival marca su tercer gol. Pero el tanto no es claro y el árbitro no lo da por válido. Espiñeira se acerca entonces al colegiado y le dice esto: «El balón ha entrado, concédelo, no educamos para mentir ni hacer trampas». El árbitro agradece el gesto del técnico del Imperátor, rectifica y otorga el gol que da la victoria al Orillamar. Habrá quien no comparta la actitud de Espiñeira, pero creo que somos legión los que pensamos que ennoblece el deporte y le da sentido. Como explicó más tarde el propio técnico, «hay gente a la que le puede parecer raro, pero con niños de 10 años lo más importante no es el resultado».

Hartos de ejemplos mezquinos de padres y entrenadores que terminan saliendo en el telediario para vergüenza de sus hijos y pupilos, reconforta encontrar casos como el de Espiñeira, que La Voz de Galicia sacó a la luz el pasado domingo de la mano del periodista Pablo Carballo. No educamos para mentir ni para hacer trampas. Es tremendo que un argumento como este nos parezca excepcional, un comportamiento residual que desaparece con la edad y la profesionalización. Y creo que no tiene por qué ser así.

El pasado fin de semana conocimos un caso equiparable en la segunda división inglesa. El Leeds United, que lucha por ascender a primera, marcó un gol cuando un futbolista del equipo contrario, el Aston Villa, estaba tirado en el césped. Ante las airadas protestas de los rivales, el entrenador del Leeds, que es el argentino Marcelo Bielsa, ordenó a sus jugadores que se dejasen meter un gol para compensar el anterior. Y lo hicieron. «El fútbol inglés es conocido por su deportividad, esto es algo común en Inglaterra», dijo Bielsa después del partido para zanjar cualquier polémica.

El Imperátor no es el Leeds. Es solo un modesto club coruñés, pero lleva 75 años formando y educando a deportistas en nuestra ciudad con planteamientos tan encomiables como el de Álex Espiñeira. Y es una pena que la rígida normativa del fútbol base no permita corresponder. El Orillamar debe llevarse los tres puntos que en buena lid ganó en el terreno de juego, pero los chavales del Imperátor bien podrían recuperar al menos el que cedieron por la honestidad de su entrenador. Sería una manera excelente de completar esta extraordinaria lección.

El alabado gesto de un técnico coruñés: «Ha entrado, concédelo. No educamos para mentir»

Pablo Carballo

El entrenador del Imperátor advierte al árbitro de un gol decisivo en su contra durante un partido de la liga de benjamines

Debería ser lo común. Pero no lo será tanto cuando le han sobrado felicitaciones. Partido de fútbol 8, entre benjamines de segundo año, de la primera comarcal, que medía al Imperátor y al Orillamar. Con el tanteador igualado (2-2) y apenas tres minutos por jugarse, un jugador del Orillamar golpea desde fuera del área. La pelota entra, rebota en el palo interior de la portería, una vez cruzada la línea de gol, y sale despedida de nuevo al campo. El árbitro se queda estático, no concede el tanto. No está convencido de haberlo percibido bien. Sin dudarlo un instante, Álex Espiñeira, técnico del Imperátor, se dirige al colegiado para reconocer lo que había visto claro desde la banda.

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