Una breve parada antes de seguir viaje

Las cercetas carretonas nos visitan en su migración al norte


Hay en los rostros de los cruceristas que esta tarde entran y salen de los comercios de la calle Real un aire de satisfacción: «¡Qué suerte estamos teniendo con el tiempo!». Avanzo entre ellos admirando el tono encarnado de las mejillas de más de uno. Las cubiertas de su trasatlántico deben de haberse abarrotado de lagartos humanos estos últimos días. «¡Y eso que nos decían que en Galicia hace casi siempre malo!», escribirán en sus móviles a sus allegados, por eso de darles mucha envidia.

Lleva tanto soplando del nordeste que casi nos hemos olvidado de cómo son las nubes. Sales a pasear por las corredoiras de la campiña que rodea la ciudad, y vuelves con las botas limpias. Lo que a estas alturas debería ser barro, al menos en las zonas más umbrías, es sin embargo un polvo oscuro que se va de un soplido. Y hace mucho calor en las horas centrales del día. 

Seis semanas más

Esta semana hemos sabido que en este extremo noroeste de España el verano dura ya seis semanas más que hace cuarenta años. Un aumento similar al del resto del país, según ha informado la Agencia Estatal de Meteorología. Este proceso todavía se llama cambio climático, con una suavidad de una imprecisión alarmante, casi criminal, pues no es un mero cambio, como no lo es cualquier grave enfermedad que amenace seriamente a un organismo.

¿Se puede achacar este tiempo de calor de finales de marzo al calentamiento global? Eso habría que preguntárselo a Xavier Fonseca, el gurú meteorológico de este periódico. Porque, calores aparte, el nordeste es un viento de lo más habitual aquí. También en primavera, claro. Un tipo de viento que, cuando sopla con suficiente fuerza, obliga a muchas aves en migración hacia el norte a bajar del cielo en espera de que amaine. Bien lo sabemos los ornitólogos. 

Patos viajeros

La situación ideal en estas fechas para que muchas especies en paso se detengan entre nosotros antes de continuar hacia el norte es de bonanza en Portugal y el sur de Galicia y creciente nordeste aquí. Algunos días, desde alturas como la del monte de San Pedro, ves venir el viento desde Ferrolterra por cómo va llenando el mar de borreguillos. Para los viajeros emplumados, es como un muro de aire, un aviso para buscar refugio. Para los observadores de aves, un buen momento para acudir, por ejemplo, al embalse de Abegondo-Cecebre en busca de cercetas carretonas, uno de los patos más bonitos de cuantos nos visitan en primavera.

Es muy probable que en estas fechas, lo mismo que en tantos otros humedales gallegos, se presente allí alguna. Sucede muchos años. Están poco tiempo. A veces, solo un poco más que los cruceristas que me he cruzado hace un rato. Debería ir allí a mirar dentro de un rato, si puedo. Y mañana, si sigue soplando así. Y pasado mañana. ¿Cuántas oportunidades tendré para probar? Parece que el tiempo va a continuar muy seco una semana más...

Machos y hembras

Los machos de las cercetas carretonas son muy fáciles de diferenciar de otros patos por la media luna invertida que va de sus ojos hasta su nuca. Las hembras son de tonos pardos. 

Hacia el norte

Es difícil saber el destino de las carretonas que pasan por Galicia. Son comunes en todo el norte de Europa. Algunas de ellas podrían volar incluso hasta Rusia.

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