Los primeros vecinos del parque Ofimático

Ayer se firmaron las escrituras de siete viviendas y los nuevos residentes iniciaron la mudanza


a Coruña / La Voz

«Han pasado más de diez años, compramos la parcela en el 2008», dice Fran, que ayer pudo al fin entrar con su familia en el piso que construyó en el parque Ofimático. Fran forma parte de la cooperativa Cofuncovi, que ha levantado un edificio de 69 viviendas en la esquina de las casi recién bautizadas calles Fresas de Eirís y Milagros Rey Hombre. El Ayuntamiento puso las placas y dejó algunos servicios para otro día. Las hierbas crecen sin control en las zonas verdes, no hay transporte público, la mayoría de los accesos en coche están sin terminar y no se ve ni un contenedor en los alrededores. Pero al menos ya pueden entrar en sus casas, y hay alumbrado público masivo, unas 600 farolas, funcionando desde noviembre.

Ayer seis familias de Cofuncovi pudieron escriturar sus pisos. Pronto les seguirán otras 62, y las 25 que forman parte de la cooperativa A Carnocha. Ambas entidades fueron las primeras en terminar sus inmuebles. A Carnocha lo tiene listo desde julio del 2016, Cofuncovi, desde finales del verano del 2017. A esas alturas el Ayuntamiento debía tener lista la urbanización para dar las licencias de primera ocupación, que estaban previstas para la primavera del 2017, pero los trabajos no acabaron hasta finales del 2018, un año y nueve meses más tarde. En los dos meses siguiente se tramitó la certificación de vivienda protegida con la Xunta y ahora, por fin, se están firmando las escrituras y las hipotecas.

«Ya teníamos que tener años pagados» de esos préstamos, lamenta Fran. Otros cooperativistas señalan que los problemas burocráticos han dejado a algunas parejas jóvenes sin las ayudas que habrían podido percibir para hacer frente a los gastos de construcción de sus viviendas.

Porque la mayoría de los vecinos son jóvenes. Como Manuel, Lara y la pequeña Valeria, que ayer acompañó a sus padres en el arranque de la mudanza. Claro que el «primer ofimático» será probablemente Hugo, que nacerá en los próximos días, señala Rubén otro, de los nuevos residentes. Su hermano José Ramón, que ha ejercido durante años de representante de la cooperativa se muestra aliviado de que la espera de años empiece a dar resultado, aunque lamenta que para muchos vecinos los trámites no han terminado y, como los demás, se muestra inquieto ante la necesidad de servicios del barrio.

No es para menos. A los problemas ya mencionados se suma que las calles siguen llenas de vallas que, con el viento, caen sobre la calzada y las aceras. Apenas hay una pieza de mobiliario urbano, ni un parque infantil...

La lentitud de la Administración para poner en marcha el polígono no solo ha dado problemas económicos a los cooperativistas, también les dará más trabajo a la hora de entrar en sus viviendas, que llevan más de un año sin habitar y empezaban a mostrar huellas menores de ese vacío.

La falta de servicios deberá abordarse pronto, ya que a los 94 vecinos actuales pronto les seguirán más. El otro edificio de Cofuncovi, de 73 viviendas, está muy avanzado; sin olvidar los 80 pisos promovidos por la cooperativa Eirís Ofimático, y los 40 de protección que está levantando la Xunta y, más adelante, otros 50 del Ayuntamiento también de protección. Esas viviendas están comprometidas en el acuerdo para poner fin a la demolición del edificio levantado en la antigua sede de Fenosa, en la calle Fernando Macías. En la navidad del 2015, el gobierno local anunció que levantaría 100 viviendas bioclimáticas, pero la obra nunca empezó y al final, según el texto del acuerdo judicial, serán la mitad y no se ha concretado fecha para empezar su construcción.

Aparte de los servicios y los accesos, y aunque los primeros vecinos hayan podido entrar a vivir, en el Ofimático queda mucho por hacer. La redacción del proyecto de urbanización del conjunto del polígono se adjudicó en mayo del 2018. Los promotores consideraban entonces que serían precisos al menos dos años para que esos trabajos quedasen terminados.

Queda en el aire el conflicto con los antiguos vecinos, que han tenido que hacer frente a los pagos de la urbanización y fueron desalojados de sus viviendas. Esos residentes empezaron a manifestarse en el 2011, y han seguido haciéndolo hasta ahora. Antes de las elecciones la Marea se había comprometido a solucionar su situación, pero el conflicto continúa y siguen protestando con respaldo del BNG.

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