¿Está más cerca del estilo brasileño, del veneciano, del gaditano...? Así es en realidad nuestro entroido
09 mar 2019 . Actualizado a las 05:00 h.O lo que es lo mismo, ¿en qué se parece un choqueiro al letrista de un apropósito? Pues seguramente en nada y en casi todo. Y me explico: último desfile de comparsas en los Cantones. Aparece la primera, una apuesta casi de alta costura por el traje del cosaco ruso. El espíritu carnavalesco de este primer grupo apunta a un entroido de estilo veneciano, salvando las distancias. La idea es llamar la atención por elegancia, diseño y puesta en escena. Al verlos, podríamos llegar a pensar que ese es el patrón que define nuestra fiesta…
Pero llega otra comparsa. Resulta que ahora el disfraz es lo de menos. Lo que de verdad cuenta es el ritmo de samba de sus integrantes, en comunión por una percusión ensayada que perfila su idiosincrasia. Y aunque marchan detrás de los detallistas cosacos o de unos estilosos egipcios, es como si participasen de otro carnaval, más brasileño, en el que el tempo y el baile lo son todo.
Al verlos, podríamos pensar que música y ritmo definen también nuestra fiesta, pero ya viene otra comparsa, y en ella ni el disfraz (que existe), ni el baile (que también aparece) son la razón de ser del grupo. Ahora es el humor, afilado casi siempre en la piedra de la política, el que da sentido a la actuación. Aquí hablamos ya del teatro callejero de Canzobre o de esa comedia inteligente que acabaría subiendo al escenario con el apropósito de Nito.
En 15 minutos de desfile atraviesan los Cantones tres carnavales diferentes, exponentes todos del entroido coruñés y que ilustran su diversidad y riqueza. Falta uno más, el etnográfico, que nos aproxima a la Galicia ancestral de las pantallas o los cigarróns. Nuestra etnografía está muy oculta por el paso del tiempo, pero sigue presente en los choqueiros de la Torre. ¿Y cómo eran los primitivos choqueiros? Pues así lo recoge el historiador Xosé Alfeirán en su Breve crónica histórica do carnaval coruñés: «Irían disfrazados con galdrapos, roupas vellas ou sabas emporcalladas, enfeluxarían a cara de negro ou levaríana cuberta cunha careta de filloa, é dicir, elaborada con auga e fariña, ou cunha pel de coello ou de lebre chea de buracos. Ademais empuñarían unha vara (…) que empregaban para golpear ou molestar aos veciños».
El coruñés no es un carnaval de sambódromo como el de Tenerife, una elegante mascarada de estilo veneciano o una reserva etnográfica como Xinzo, sino un contenedor en el que caben esas y otras muchas cosas. Como define el propio Alfeirán, es más preciso hablar de «os entroidos coruñeses. En plural, porque a festa é caprichosa e cambiante. Esa é a realidade que amosan as historias e relatos escritos ao longo de décadas». Nuestro particular entroido.