Bata de andar por casa... y por la calle


Una simple conversación en la redacción de la radio me acaba de confirmar lo que ya sospechaba: la gente es de bata o no es de bata. De bata de casa, vamos, de las que vendía Amancio Ortega en el origen de los tiempos. ¿Podemos deducir que si uno ha levantado un imperio textil a partir de una bata, la usará en casa? Millonarios aparte, no se pueden imaginar qué debate encendido a costa del uso del batín acabamos de vivir. Estoy por proponer a Sondaxe que en próximas encuestas pregunte si esto va por barrios. Por ejemplo, ¿son más de bata en Os Castros o en Cuatro Caminos? ¿No perdonan el batín en la Ciudad Vieja pero pasan de él en el Ensanche?

La encuesta podría ir más allá... ¿Bajaría usted en bata a la calle? Hay aceras de la ciudad en las que no resulta tan extraño ver a alguna vecina en bata y zapatillas. Y esto, me dice mi compañera Loreto Silvoso, solo puede significar una cosa: estamos en un barrio-barrio. Le ocurrió esta semana en Os Mariñeiros y a mí, con cierta frecuencia, en mi antiguo barrio, en la calle Orzán. Un par de vecinas de la zona bajaban a sacar la basura con su homewear tradicional. Porque no deja de ser eso, ¿no es verdad? Ropa de andar por casa aunque suene menos glamuroso, y aunque esas batas de señora de toda la vida sean difíciles de encontrar en el apartado homewear de las páginas web en las que compramos pensando que eso en lo que pinchamos es muy moderno. Mi abuela no sabía lo que era el homewear pero no perdonaba la bata. Y en mi familia, me dicen, lo que distingue a un Díaz de un pollo pegadizo es el uso de bata por las mañanas. Bebés incluidos. Los Díaz somos de bata. Mi primera compra en mi primer Zara Home, cuando aún estaba en el arranque de Juan Flórez, fue una bata... y hasta hace dos mudanzas seguía colgada en el armario. Junto con dos o tres más porque no es lo mismo la de invierno que la de verano, ni la de todos los días que la del hospital. Y sí, acabamos de descubrir en la emisora que unos somos de bata de hospital y otros no. Ignoro si irá por barrios o por plantas de hospital, pero sospecho que aquí Sondaxe podría confirmar que no hay bata regalada o comprada con mayor ilusión que la que se lleva en la maleta al Materno, a punto de dar a luz. Porque el camisón del Sergas lucido, lucido, no es. Así que la bata puede marcar la diferencia entre sentirse hecha unos zorros después de parir o soñar, pobrecita, que a pesar de todo conserva algo de prestancia.

La última vez que visité mi antigua calle solo iba de paso. Y a pesar de ser solo un paseo lleno de prisas, recordé por qué lo echo todavía de menos. Porque, como dice mi compañera, era un barrio-barrio. De los de señora con bata en la acera. Y no todas las calles de la ciudad pueden presumir de esto.

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