Un quirófano con vistas al mar

A CORUÑA

MARCOS MÍGUEZ

El Sanatorio de Oza conserva la sala y el instrumental de 1913 donde se operaba a niños con tuberculosis

27 ene 2019 . Actualizado a las 10:17 h.

«Presente el enfermo, cese la conversación, concéntrese la mirada, la dignidad del que sufre está sobre todo. Ayúdenos Dios». Estas palabras siguen en lo alto de la sala de curas del Pabellón Quirúrgico de Oza que fue inaugurado en 1913. Quienes las leían eran los miles de niños de toda España que durante años venían a las colonias para la prevención y el tratamiento de la tuberculosis. En este caso se trataba de la tuberculosis ósea porque «se pensaba que al lado del mar eran las condiciones ideales para tratarla y prevenirla», apunta Luciano Vidán, presidente del Colegio de Médicos de A Coruña. En la parte posterior del Sanatorio Marítimo de Oza está el pabellón quirúrgico, que actualmente acoge una unidad de psiquiatría de día y el museo. Señala Vidán que «traían a muchos niños que eran pretuberculosos porque la tuberculosis se asentaba mucho donde había hambre y pobreza». De todos modos señala al médico Carlos González Guitián como el gran artífice de que se conserven las dependencias y el instrumental quirúrgico tal y como eran hace más de un siglo.

Y es que al lado de la mencionada sala de curas «posiblemente estemos ante el único quirófano de principios de siglo que se conserve in situ, lo que le confiere una especial singularidad en el panorama museístico en España», explica González Guitián. Lo primero que sorprende de este quirófano es su gran ventanal, en su momento con vistas al mar, y que proporcionaba luz natural para las intervenciones. Nada que ver con los aislados quirófanos actuales.

«Mejor no preguntes para qué era», bromea Carlos González ante uno de los instrumentos que pueden verse en esta «joya que en A Coruña tenía que estar más considerada», apunta otra de las personas del Hospital de Oza que en ocasiones muestra este museo a los médicos que participan en congresos; algunos de ellos comentan que en otros lugares de España hay instrumental médico histórico, tienen cosas, pero no en el mismo lugar en el que fueron utilizadas. También destaca que «una persona de mantenimiento que se llama Juan Pedro, que era jefe de mantenimiento aquí, se encargó de que se cuidara mucho».

Este pabellón «conserva unos 500 instrumentos muy variados, fundamentalmente instrumental quirúrgico, así como un importante equipamiento de quirófano de época, con una mesa de operaciones, lámparas, autoclaves utilizadas para la esterilización, balanzas de precisión, sillas, vitrinas...». Cada una de estas piezas es una sorpresa y cuando algún visitante alude al «diseño» de las sillas la respuesta es que efectivamente son de diseño... pero de 1913. Fue entonces cuando esta sala de operaciones se convirtió en la primera de un sanatorio marítimo español. Un viejo mapa muestra que el radio de influencia de estas instalaciones era toda Galicia, Asturias y Salamanca.

En la sala de curas hay una sábana bordada pero en su momento «todas las sábanas estaban bordadas», apunta Carlos González, entre un torrente de datos e información sobre un material que, insiste, «necesita ser inventariado, clasificado y organizado para su exposición».

Un rincón con seis siglos de historia, pintado por Segura Torrella y con un busto de Asorey

«El actual enclave del Hospital Marítimo de Oza, por su proximidad a la ciudad y al mar, fue escenario de importantes acontecimientos. En su recinto alberga unas interesantes edificaciones que son testigos de las transformaciones que a lo largo de los siglos fue experimentando este recinto». Esto destaca González Guitián que, junto con el fallecido Fausto Galdo, entonces jefe de servicio de Reumatología, publicaba en 1995 El pabellón Quirúrgico del Sanatorio Marítimo de Oza, un trabajo donde divulgan historia y avances médicos sobre la tuberculosis y el que dicen que el tratamiento aplicado en esas instalaciones «se basa en las teorías higienistas, ya practicadas por Hipócrates (s V a. de C): sol, aire, agua, alimentación sana y ejercicio moderado».

La puesta en marcha del pabellón Fernández Latorre «corrió a cargo del prestigioso cirujano madrileño especializado en tuberculosis osteoarticular, López Durán». Las dependencias estaban a escasa distancia de donde en 1589 Francis Drake sitió la ciudad, desembarcando en una playa que hoy ocupan los astilleros. Ese tratamiento, con los pequeños tumbados al sol, fue recogido en un llamativo cuadro por el pintor Segura Torrella, un lienzo que, apunta Carlos González, evoca con su luz a Sorolla, «de hecho se llama Baño de luz». Antes de ser hospital estaban «las antiguas instalaciones del lazareto marítimo que se había inaugurado en 1888» y donde acabaron muchos soldados que volvían de la guerra de Cuba. González Guitián también destaca «el valor de la antigua iglesia parroquial de Santa María de Oza, la batería de Oza, que nació a raíz del ataque francés a la ciudad».