Atascos: el concejal entra en la Historia


El analista italiano Arrigo Benedetti entró de cabeza en la Historia en 1964 por un artículo en el que despachaba el problema de los atascos automovilísticos restándoles todo valor: «Los conductores enojados -publicó- parecen no tener historia. Como realidad, un embotellamiento impresiona, pero no nos dice mucho». Es difícil imaginar la indignación colectiva y las ampollas que estas palabras levantaron en la nutrida legión de romanos que sufrían los rigores de caravanas bastante salvajes.

No exagero cuando digo que Benedetti entró en la Historia, no solo por la reacción popular, sino también por que uno de los mayores indignados fue el escritor Julio Cortázar, que casualmente visitaba la capital italiana. Tan mal le sentó aquel artículo, que decidió redactar su cuento La autopista del sur, breve relato en el que narra las relaciones entre conductores atrapados en un angustioso embotellamiento cerca de París que dura varios meses. En el armagedón de todos los atascos hay vileza, estraperlo, violencia, muerte… Y el epígrafe con que Cortázar introduce su cuento son las desafortunadas palabras de Benedetti, lo que explica por fin su ingreso en la Historia. Ahí ha quedado para siempre.

¿Y qué fue lo que indignó tanto al novelista argentino? Lo contaría él mismo, años después, en una entrevista en TVE: «Me pareció superficial y frívolo, porque creo que los atascos son uno de los signos más negativos de esta triste sociedad en que vivimos, porque prueban una especie de contradicción con la vida humana, una especie de búsqueda de la desgracia, de la infelicidad, de la exasperación, a través de la gran maravilla tecnológica que es el automóvil, que debería darnos la libertad y que, vuelta a vuelta, nos está dando las peores consecuencias».

Y es sorprendente haber leído estos días, tantos años después, argumentos similares. Los atascazos en Coruña no son un cuento. No duran semanas, pero sí cinco largas horas, suficientes para generar un profundo malestar; tal vez porque muchos madrugadores no llevan meses, sino años, padeciendo estos lamentables retrasos sin salir nunca de la primera velocidad, del desencanto insultante de pasar una vez más de la primera al punto muerto, freno de pie, freno de mano, stop, y así otra vez, como describe Cortázar en su relato.

Pero lo que más ha sublevado a muchos coruñeses han sido las palabras del concejal de Mobilidade, que en línea con el inefable Benedetti se sacó de la manga esta desafortunada frase: «Un atasco non é unha emerxencia». Con ella justificó que no se abriese la Marina para aliviar el problemón de tráfico del lunes y sublevó a los afectados sufridores. Y al igual que ocurrió con el ya célebre italiano, tiene todas las papeletas para entrar en la Historia.

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