Complementos con un toque retro

Holly and Molly evoca los cincuenta con piezas con porcelana, terciopelo y objetos vintage


Bergondo

Su padre era de Betanzos, su madre de Bergondo. Fue en este segundo municipio de la comarca donde creció Ánxela Pérez. Ella es una pionera de los tocados, de los apliques para el pelo, de los canotiers. «Empecé en el 2008. Había estudiado Educación Física, nada que ver con la moda», recuerda la creadora de Holly and Molly, la marca que da vida a los complementos que salen de su imaginación. «Estaba estudiando oposiciones y, como válvula de escape, empecé a hacer algunos tocados. Se los enseñé a una amiga, gustaron y empezaron los primeros encargos», recuerda Ánxela. 

Era la prehistoria de Instagram (la red social no se creó hasta el 2010) y el comercio electrónico empezaba a despegar. Y Ánxela decidió dar un pasito más: participar en la feria de moda urbana y emergente Daisy Market de A Coruña. «Ahí entre en contacto con las niñas de Bouret y me propusieron colaborar con ellas». Con Vanessa y Noela, los cerebros de Bouret y las encargadas de llevar por todo el mundo el parque de O Pasatempo de Betanzos con sus vestidos de novia, Holly and Molly se posicionó en el mundo de las bodas.

La vida llevó a Ánxela por otro camino, pero Holly and Molly siempre fue con ella. «Lo hago porque es algo que me gusta, tengo clientas desde hace años y otras que llegan por el boca a oreja». Algunas de sus creaciones llegaron al blog de Casilda se Casa, uno de los referentes nacionales de bodas top.

En estos diez años, Ánxela Pérez hizo sus pinitos como bloguera y colaboró con sus creaciones en editoriales y campañas de moda.

Le apasiona como el primer día sentarse delante de los materiales y dejarse llevar por lo que le sugieren. «Encuentro mucha inspiración cuando viajo. En Bélgica o en Alemania hay mucha tradición de tiendas de antigüedades y ahí es dónde puedes encontrar verdaderos tesoros», apunta.

Las personas que llegan a Ánxela se dejan llevar por su buen gusto: «Mi clienta ideal es la que me explica cómo es el vestido, el maquillaje y el peinado y me dice: '¿Tú que llevarías?' Me encanta que me den libertad para crear y poder ser fiel a mi estilo». Sus creaciones siguen una línea retro. «Me gustan mucho los canotiers, lo romántico. Y me fijo mucho en que lo que hago sea algo que me pondría yo», confiesa. Le encantan las diademas, los apliques, las porcelanas…

Entre sus referentes, la sombrerera del siglo pasado Lilly Dacher y las creaciones de los años cincuenta. Cada pieza que crea es especial: «A veces te da pena hasta venderlas». «Tengo un turbante verde con aplique fucsia, hecho con tela de seda, que me parece muy original», apunta como uno de los trabajos de los que se siente más orgullosa. Fue una de las primeras en introducir entre las invitadas el canotier. «Ahora hay más gente que los hace, pero yo intento que sea algo hecho por mí, que marque ese sello de diferencia. Es algo que me encanta hacer», comenta.

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