No «comboio» descendente


Mientras el mundo se nos pone patas arriba, ¿cuántos mensajes les han llegado estos días con un «menos mal que nos queda Portugal»? La cuestión es que el país vecino no es tan vecino como parece. TAP nos deja con la maleta puesta, los peajes son un disparate, y el tren se parece más al comboio descendente de Pessoa que circulaba al ritmo (maravilloso) de José Afonso, de Queluz a Cruz Quebrada. En aquellos vagones todo comenzaba con risas y terminaba con sueño, que sería algo parecido a lo que nos pasaría hoy si decidiésemos subir al tren camino de Lisboa.

Madrugamos. A las 5.38 podemos coger esta mañana el primer tren que sale para Vigo. Estamos en la estación de Guixar a las 7.44, dos horas y seis minutos de viaje, 15,30 euros de billete. Llegamos a tiempo de coger uno de los dos únicos trenes que viajan a Oporto, el de las 8.58, que nos dejará en la estación de Campanha, previo pago de 14,95 euros, a las 10.20 hora local. Llevamos ya cuatro horas y media de viaje, y el ritmo de las gargalhadas del poeta se habrá quedado en algún punto entre Ponte de Lima y Braga. Con un poco de prisa, nos dará tiempo a subir al tren que sale para la estación lisboeta de Oriente a las 10.45, por 24,70 euros el billete más barato. Estaremos viendo el Tajo a las 13.52, hora local. Es decir, algo más de siete horas y media después, tres trenes, y 54,95 euros. ¿Que prefieren no madrugar y les gusta ponerse en plan intenso como Jeremy Irons en el Tren nocturno a Lisboa? Si ya la película era un tanto soporífera, imaginen el plan: tendrán que salir, por ejemplo, a las 18.00 horas para Vigo, coger el tren a Oporto a las 19.56... y armarse de paciencia a la ribera del Duero, porque no saldrá un viaje a la capital hasta pasada la medianoche ¡y ese tren nocturno tarda 4 horas y 55 minutos en llegar! Que Lisboa bien vale el viaje, el billete, las horas y lo que se tercie. Todo. Lo saben todos los famosos que están haciendo su nido en el estuario del Tajo, y lo sabe el alcalde, que se ha ido a París a pedir a la Comisión Europea un eje ferroviario entre A Coruña y Lisboa. Como carta a los Reyes Magos está bastante bien. Los hechos ya tal. ¿Cuántas veces hemos escuchado la petición? En el foro de Ciudades Atlánticas, en el Eixo Atlántico, en cuanta cumbre bilateral celebran España y Portugal. Y ahí seguimos. No comboio descendente, pero sin Pessoa, sin Zeca Afonso, sin gracia.

(Que quién pudiera, confieso, poder pegarse esa paliza de madrugón, casi ocho horas de viaje, dos transbordos, tres trenes, casi 55 euros, para llegar a tiempo de pedir unas pataniscas camino del mirador de San Pedro de Alcántara. Menos mal, es verdad, que nos queda Portugal. Aunque esté tan lejos).

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