San Andrés recupera una de sus joyas

La calle concentra una cifra alta de edificios centenarios deshabitados y cuyas estructuras están en peligro


a coruña / la voz

No pasa desapercibido. Es uno de los rostros más bellos de San Andrés. El paso del tiempo le había quitado esplendor. Sus formas geométricas y los motivos florales apenas se apreciaban, negruzcos por el polvo. Jesús Louzao reconoce que no para de recibir felicitaciones. Y eso que es promotor, uno de los oficios menos apreciados tras la crisis inmobiliaria. «Muchos vecinos me dicen que se alegran al ver las obras», comenta Louzao. «En unas semanas estará listo», adelanta.

El inmueble del número 100 de San Andrés, de 1912 y obra de Ricardo Boán y Callejas, está catalogado y protegido por Patrimonio. «Tardé tres años y medio en tener la autorización, con un cambio de proyecto y de arquitecto por el medio, para que el Ayuntamiento diera el visto bueno. También puse ascensor y necesité un estudio arqueológico. Los plazos dilatados y la falta de asesoramiento municipal son el pero», apunta el propietario.

«Sin embargo, veo lógicas y necesarias las exigencias. El Concello lo hace bien a la hora de impedir que se destruyan las pocas joyas que quedan como esta. Se hicieron muchas barbaridades en la ciudad. A la fachada le devolvimos su aspecto original. Por dentro, respetamos todas las divisiones», detalla Louzao.

Ladrillo macizo, piedra, madera de tea, hierro forjado, 124 metros cuadrados por planta, cuatro de altura... ya no se hacen viviendas así. La Asociación para a Defensa do Patrimonio Cultural Galego incide en que los trabajos de recuperación se realicen por especialistas. «Conservamos todo. As madeiras, os moldes, a escalas cos pasamáns de ferro, os mobles dos corredores, as ventás. Aprecias o cariño e a calidade dos materiais cos que se construía antes. Agora é todo máis rápido e mecanizado. Esta é unha riqueza que temos en Galicia, sobre todo, nas zonas vellas. A nosa esencia», describe Adrián Varela, de Vitureira Bouzas, la empresa que se ha encargado de los trabajos de restauración.

«La rehabilitación ha seguido las pautas indicadas en el Plan Especial de Protección y Reforma Interior, el Pepri, ya que el edificio está en la zona protegida de Pescadería. Nuestro objetivo ha sido ponerlo en valor», defiende la arquitecta Belén Silva, del estudio Boma, responsable de la reforma. Las tres plantas, exteriores, se destinarán al alquiler. Tiene también buhardilla.

¿Una calle más elitista?

«Hai un risco nestas rehabilitacións: son un luxo para a poboación media. Volven máis elitista á zona, co conseguinte perigo de xentrificación da mesma, coma xa acontece en cidades coma Barcelona. Isto é: expulsar aos veciños de sempre», apunta el arquitecto y profesor de la UDC, Plácido Lizancos. «É certo que estes inmobles os ocupaban xa antes xente cun certo poder adquisitivo, pero eran habitantes do barrio que facían vida no barrio», añade Lizancos.

Su colega de profesión, Belén Silva, no opina así: «Con la recuperación de un edificio como este, que es un bien patrimonial, ganamos todos. La calle cobra vida. Esto es historia y belleza, una riqueza visual que alcanza a todos». La otra opción, continúa, sería que la estructura pudiera ceder y venirse a bajo con el tiempo. Para los que se detienen a admirar la fachada de Ricardo Boán y Callejas en San Andrés, de paso que la inmortalizan con una foto, la nueva cara del edificio solo despierta interjecciones de admiración.

Pescadería aúna inmuebles históricos y abandono

Ricardo Boán y Callejas firmó en 1912 la autoría de este edificio, en el número 100 de San Andrés. Durante años, el inmueble enmarcado dentro del movimiento arquitectónico del modernismo, presentó el aspecto decadente que se puede apreciar en la imagen de la derecha. Las viviendas de las tres plantas quedaron deshabitadas y solo en el bajo se fueron sucediendo comercios. Esto no impidió que la planta con acceso a la calle fuera una de las más dañadas. Su decoración original desapareció, cubierta por unas paredes de hormigón que taparon la piedra original que, ahora, como se ve en la foto de la izquierda, vuelve a estar a la vista. Pescadería, área a la que pertenece San Andrés, es uno de los puntos de la ciudad que concentra un mayor número de edificios completos en estado de abandono, buena parte de ellos catalogados.

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