Metido entre ceja y ceja

Las tarabillas norteñas están de visita rápida en la ciudad


Me recuerdan un poco a esos turistas que llegan en trasatlántico, y tienen solo unas horas para echar un vistazo rápido a los hitos que les indican esos folletos y planos que adornan sus manos. Sin embargo, el transporte que las ha traído hasta aquí ha sido personal, y a base de un combustible que no genera emisión alguna a la atmósfera.

Sí traen un mapa consigo. Pero guardan en su pequeño cerebro, y eso que muestra diferentes rutas entre el norte de Europa y el centro de África. En cuanto al objeto de su interés, nada tiene que ver con la Dársena, la torre de Hércules, la Ciudad Vieja o los Museos Científicos, sino directamente con los atractivos gastronómicos de esta ciudad. Da gusto verlas disfrutar de nuestra mejor oferta de insectos.

Prudente desconfianza

Son muy desconfiadas, estas tarabillas norteñas. Llevo un rato intentando fotografiarlas aquí en los campos de Feáns, sin haber obtenido hasta el momento más que unas imágenes muy distantes. Parecen estar solo ocupadas en elegir los invertebrados de aspecto más energético, pero no me quitan ojo. En cuanto levanto la cámara, se alejan con un vuelo breve, pero suficiente para frustrar mi empeño.

El caso es que se me ha puesto entre ceja y ceja retratarlas. Y es que son de las últimas que pasarán por aquí este otoño. A mediados de octubre se ven ya muy pocas. Las fechas entre finales de verano y entrado el otoño son las únicas para observar este pájaro migrador en esta comarca. El viaje de regreso de África en primavera lo hacen mucho más hacia el este.

Color helecho otoñal

Sus colores son parecidos al de los helechos otoñales que eligen cada dos por tres como atalaya desde la que seleccionar sus presas. Cuando se posan en ellos, lo que más destaca en la distancia es su pecho claro y sus llamativas cejas, pálidas y anchas. Unas cejas que por el momento solo he conseguido fotografiar de manera muy parcial. Todas las imágenes que he logrado hasta ahora de estas aves las muestran de espalda o mirándome muy de reojo.

Entonces dos de ellas, posadas juntas, se quedan muy quietas. Algo en el cielo ha llamado su atención. Antes de volverme también yo a mirar, consigo por fin hacerles una foto de frente.

Lo que pasaba sobre nosotros era un gavilán. Cuando de nuevo me vuelvo a ver si las tarabillas siguen donde estaban, han desaparecido. No las inquieto más con mi presencia. El gavilán sabe cómo aprovechar la huida de un pájaro al paso de un humano. Además, deben comer tranquilas. Y mucho. Es probable que esta misma noche sigan su camino, si las condiciones meteorológicas son favorables. Todavía tienen que atravesar unos cuantos países antes de llegar a su destino, acaso en las praderas al norte del río Congo, donde se ven muchas en invierno.

Tarabillas comunes y tarabillas norteña

Nuestros campos son hogar todo el año de muchas tarabillas comunes. Las norteñas son más pálidas. Además, sus cejas son inconfundibles.

Reproductoras en Galicia e Iberia

En Galicia solo tenemos algunas tarabillas norteñas reproductoras en el sector sureste de la comunidad. La población española se restringe a la mitad norte del país.

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